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Estos son los alimentos que debes evitar si no quieres que empeore tu acné

Aunque lo más habitual es que aparezca durante la pubertad, el acné puede aparecer a cualquier edad.
Aunque lo más habitual es que aparezca durante la pubertad, el acné puede aparecer a cualquier edad.
Pixabay

Las funciones vitales más diversas tienen influencia en el aspecto de nuestra piel, y la alimentación no es una excepción. Es por esto que, cuando padecemos trastornos como el acné, lo que comemos puede empeorar o aliviar los síntomas.

Una relación compleja

Comúnmente, el acné se debe a un exceso en la secreción de grasa por parte de las glándulas sebáceas de la piel (que, a su vez, puede estar impulsado por distintas causas). Esta grasa, junto con células cutáneas muertas y otros residuos, obstruye los poros de la piel y provoca que se infecten, causando las lesiones características de la enfermedad.

En base a esto, cabría pensar que son los alimentos más ricos en grasas los que empeoran los síntomas del acné. No obstante, la relación entre lo que comemos y la aparición de granos y espinillas parece ser más complicada que eso.

Y es que en un primer momento, efectivamente, se acusaba a los alimentos con mayor contenido en lípidos (como el chocolate, las frituras, las carnes grasas) de empeorar el acné. Estudios posteriores, no obstante, han encontrado que debemos tener presente también el tipo de grasa: y es que las grasas saludables como las que están presentes en el aceite de oliva, el pescado azul o los frutos secos no parecen relacionarse con un empeoramiento del acné. Esto es porque no existe una relación real demostrada entre la grasa alimenticia y la grasa cutánea, sino que lo que sucede es que las grasas saturadas tienen un efecto inflamatorio en todos los órganos, incluyendo la piel.

Además, a partir de los años 2.000 varias investigaciones demostraron que los alimentos con un alto contenido en glucosa (como dulces, bebidas azucaradas, bollería, de nuevo el chocolate...) parecen empeorar los brotes de la enfermedad.

En la última década, los científicos han venido apuntando a un tercer factor que estaría implicado. Según se ha observado, existe una prevalencia mayor del acné en las poblaciones occidentales respecto a las de otros lugares del mundo que no puede ser fácilmente explicada por factores genéticos; por tanto, debe estar provocada por algún factor dietético o ambiental.

Los lácteos, por su contenido relativamente alto en grasa y por su mayor consumo en Occidente, se convirtieron así en un candidato a ocupar este lugar en la ecuación. No obstante, se ha propuesto que podrían empeorar (o incluso causar) los brotes de acné no por su contenido lipídico sino por el hormonal, ya que se sabe que las hormonas también juegan un papel importante en la patología (razón por la que es más común en la adolescencia que en otras etapas de la vida).

Teniendo todo esto en cuenta, si padecemos acné grave podríamos beneficiarnos de evitar el consumo de grasas saturadas, alimentos demasiado azucarados y lácteos. Sin embargo, hay que subrayar que el caso de cada persona es diferente y que se trata de una enfermedad compleja en la que intervienen muchos factores diferentes, por lo que lo ideal es acudir a un especialista para que nos recomiende las estrategias más adecuadas para combatir el problema.

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