Esto es lo que le pasa a tu cuerpo cuando dejas el alcohol por completo

El confinamiento puede desplazar al consumo de drogas ilegales a drogas legales, como el alcohol.
Dejar de consumir alcohol siempre es positivo para la salud.
Thorsten Frenzel / Pixabay

El alcohol es quizás la sustancia psicoactiva de uso recreativo favorita de la cultura occidental (con la posible excepción de la cafeína) y es casi omnipresente en este entorno. Y, sin embargo, se trata de una droga (legal) que en el mejor de los casos aporta exiguos beneficios a nuestra salud física o mental y que en el peor puede poner seriamente en peligro nuestras vidas.

¿Debería dejar el alcohol?

Dejar por completo de consumir alcohol nunca va a ser negativo para nuestra salud. Como señalábamos, los beneficios que puede aportar a nuestro organismo son escasos (y a menudo están poco estudiados) y es, en cambio, una fuente de riesgos.

Sin embargo, hay que decir que en las instancias de consumo (realmente) moderado en principio el alcohol no tiene porqué suponer un problema de peso para la salud, mientras se tome la precaución de no escalar en su uso y atendamos a nuestras condiciones específicas.

Sea como sea, hay que tener en cuenta que las consecuencias y la forma adecuada de dejar de lado el alcohol van a variar dependiendo de el grado y el modo en el que lo vengamos consumiendo.

Qué le pasa a tu cuerpo al dejar el alcohol si tu consumo era moderado

Cuando el consumo de alcohol es moderado y no existe un trastorno adictivo (alcoholismo), es posible dejarlo sin vigilancia médica, ya que cesar su uso no va a provocar ningún riesgo ni efecto negativo en nuestra salud.

En estos casos, uno de los posibles beneficios que podemos sentir es una ligera disminución del apetito que puede traducirse en una pérdida de peso o, al menos, en una mayor facilidad para controlarlo.

También, dejar de beber alcohol puede hacer que notemos una mejoría visible en el estado de nuestra piel (que debería lucir más hidratada, con mejor color y con menos granos o acné).

Una de las áreas en las que se percibe más el cese de consumo de alcohol es en el estado anímico. El estado tiene efectos depresores del sistema nervioso central, con lo que dejar de ingerirlo suele conllevar un aumento de la energía, y una mejora del humor y el ánimo. Además, el alcohol empeora la calidad del sueño, por lo que la mejora en este aspecto puede contribuir a ese aumento en la energía durante el día y a sentirse más descansado.

Por otro lado, el alcohol va dañando progresivamente determinadas áreas del cerebro relacionadas con la formación de la memoria a corto plazo y de la atención, con lo que si no se consume se frena este deterioro y es posible incluso que se produzca una cierta recuperación y mejoría en estas facultades.

Finalmente, y aunque no es algo que se pueda notar como tal, las personas que no beben alcohol tienen un menor riesgo de padecer varios tipos de cáncer, especialmente en el aparato digestivo.

Qué sucede si tu consumo es adictivo

El panorama cambia mucho cuando el uso de alcohol se enmarca en un trastorno adictivo (alcoholismo) ya que, aunque estas personas son sin duda quienes más necesitan dejar de ingerir esta sustancia, a corto plazo el cese del consumo (sobre todo si es abrupto) puede tener consecuencias desagradables y peligrosas en el organismo y, por tanto, debe ser supervisado y pautado por un profesional cualificado.

Esto es porque el alcohol, además de causar una muy fuerte dependencia psicológica en los usuarios, es una sustancia que provoca el desarrollo de una dependencia física: nuestro cuerpo se 'acostumbra' a funcionar con él y en su ausencia sufre el llamado síndrome de abstinencia.

Si este es el caso, es común experimentar en el corto plazo temblores, debilidad, cefaleas, sudoración, hiperreflexia (reacción exagerada del sistema nervioso involuntario ante los estímulos), síntomas gastrointestinales, taquicardia e hipertensión. En algunos pacientes, pueden darse convulsiones generalizadas entre las 6 y las 48 horas posteriores al cese.

Igualmente, puede aparecer alucinosis alcohólica, un cuadro marcado por las alucinaciones e ilusiones visuales y auditivas, pesadillas vívidas, y terror. Esta condición, pasadas 48 horas, suele progresar al conocido como delirium tremens, en el que la persona experimenta ansiedad, confusión, pesadillas, sudoración profusa, depresión profunda, delirios (creencias erróneas), terror, febrícula o fiebre baja, frecuencia cardíaca aumentada y ataxia. Los delirium tremens muy marcados suponen un riesgo de muerte elevado.

Bajo la supervisión adecuada, estas manifestaciones se pueden tratar abordando la sintomatología y mediante fármacos como las benzodiacepinas, el fenobarbital o el propofol. Una vez que se supera el síndrome de abstinencia, comienzan los enormes beneficios de dejar de consumir alcohol.

Y es que las personas que consumen alcohol de manera compulsiva o adictiva sufren un importantísimo deterioro cognitivo y psicosocial, cuyo avance frena al dejarlo, con la posibilidad de que se produzca una recuperación muy significativa.

Además, este patrón de uso implica también fuertes daños para muchos órganos del sistema digestivo, como son el hígado o el páncreas, pudiendo llegar incluso a desencadenar condiciones potencialmente mortales como son la cirrosis o la pancreatitis. La única manera de disminuir el riesgo de que esto suceda y de lograr una recuperación en el estado de estos órganos pasa por el tratamiento del alcoholismo y el cese del consumo. De forma similar, se reducen notablemente el riesgo de sufrir multitud de cánceres y otros desórdenes como sobrepeso u obesidad.

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