¿Por qué tenemos envidia del éxito ajeno? ¿Es posible ponerle freno?

<p>Algunos psicólogos creen que la envidia no tiene porqué necesariamente mala.</p>
La envidia del éxito ajeno suele ser más intensa y frecuente con personas de nuestro entorno.
GTRES

La envidia es probablemente una de las emociones más corrosivas que existen. Aparece con facilidad, casi de forma natural y lo peor es que generalmente va acompañada de otros sentimientos como la angustia, el enfado, la impotencia, el sentimiento de inferioridad e, incluso, el egoísmo, al llegar a ver a los demás como “competidores”. De hecho, el filósofo Fernando Savater califica la envidia de “pecado profundamente ‘insolidario’ que, sobre todo, tortura y maltrata al propio pecador, que termina siendo más desdichado que malo”.

Sin duda, uno de los tipos de envidia que más daño interno puede hacer a una persona es la envidia del éxito ajeno. El escritor e intelectual estadounidense Gore Vidal llego a escribir sobre esto: “cada vez que una persona cercana tiene éxito, muere una pequeña parte de mí”.

Curiosamente, este sentimiento empeora cuanto mayor es la cercanía con la persona que envidiamos. El veterano experto en psicología social Abraham Tesser fue el primero que investigó este fenómeno y publicó un estudio al respecto en 1988. En él explicaba que nuestra autoevaluación se ve mucho más amenazada por los seres queridos que sobresalen en áreas mediante las que nos definimos - como puede ser el trabajo o una habilidad en particular- que por desconocidos que destacan exactamente de la misma manera. Según el psicólogo norteamericano, nos comparamos más con gente cercana a nosotros por instinto a pesar de que, paradójicamente, eso puede provocar resentimiento.

Un interesante artículo del New York Times escrito al respecto remite para explicarlo al libro El cerebro oculto del periodista experto en comportamiento humano Shankar Vedantam. Según éste, cuando alguien a quien amamos tiene éxito en algo en lo que nosotros también queremos tenerlo, nuestros cerebros establecen una lucha subconsciente - alimentada por nuestros instintos de interés propio- entre el orgullo y los celos. Y añade que aunque normalmente no somos capaces de explicar por qué nos sentimos así, la emoción es muy real.

¿Es posible entrenar la mente para reconocer los síntomas y desviar esos sentimientos negativos antes de que se presenten? Vedantam así lo considera. El experto explica que cuando los celos comienzan a aparecer la actitud a seguir no debe ser la de explicar el éxito de un amigo o persona cercana como algo que también podríamos haber hecho nosotros y en lo que hemos fallado, sino la de intentar encontrar los aspectos contrastables de su éxito y que hacen diferente su trabajo para no alentar esa comparación implícita.

En general, los especialistas consideran que sentir envidia es algo normal, sin embargo, cuando ésta hace acto de presencia es el momento de aceptar la emoción y liberarla para evitar que se convierta en un problema mayor. Quejarse, regodearse en la situación y sentirse mal solo harán que se enquiste. ¿Cómo conseguirlo? Esto es lo que podemos hacer cuando sentimos envidia de los logros de alguien:

En primer lugar, analizar de qué se tiene envidia exactamente. Según los expertos este es un paso muy importante porque nos indicará que existe algo que se quiere para uno mismo y que todavía no se tiene. Hay prestar atención, por tanto, a qué tipo de logros o situaciones son las que, en mayor frecuencia, provocan ese malestar.

A continuación, es necesario revisar qué pensamientos y emociones provoca la envidia en uno mismo, ya que aportarán también una información muy valiosa sobre las propias creencias limitantes y sobre cómo trabajar en ellas.

Tener una conducta proactiva también ayuda. Realizar alguna actividad que nos evada o nos mantenga ocupados en otros asuntos es una técnica perfecta para dejar al margen la autocompasión y no seguir ahondando en esta emoción negativa. En este mismo sentido, también ayudará a pasar menos tiempo observando los éxitos ajenos.

Los especialistas también recomiendan evitar hacer comparaciones o, en el caso de hacerlas, no llevarlas al extremo situando el perfil bueno de la otra persona al lado de nuestro peor perfil. Es importante recordar que toda persona tiene sus propias fortalezas, no se trata de sentirse más que otros.

Y por último, no preguntarse por qué alguien ha conseguido ese éxito sino qué ha hecho esa persona para conseguirlo y qué puedes y quieres hacer para conseguir lo mismo.

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