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Los beneficios de los ejercicios de Kegel en los hombres para mejorar los orgasmos y la erección

Más de la mitad de los hombres con diabetes pueden sufrir disfunción eréctil.
Más de la mitad de los hombres con diabetes pueden sufrir disfunción eréctil.
GTRESONLINE

Los efectos positivos de los ejercicios de Kegel para las mujeres son de sobra conocidos, pero con frecuencia se olvida que también pueden resultar muy saludables para los hombres.

Los ejercicios de Kegel están ideados para fortalecer la musculatura del suelo pélvico, que sostiene la vejiga y el intestino. Por ello, entre otras cosas pueden ayudar a prevenir o minimizar la incontinencia tanto urinaria como fecal.

Por otra parte, estos músculos también tienen un impacto importante en la función sexual, por lo que su ejercitación puede resultar beneficiosa también en este área. Concretamente, constituyen un elemento de las terapias contra la eyaculación precoz y la disfunción eréctil, ya que juegan un papel en la tensión de las erecciones (lo que permite que, si están adecuadamente fortalecidos, el hombre sea capaz de mantener erecciones más fuertes durante más tiempo) y en el control del momento del orgasmo.

Incluso si no padecemos ninguno de estos dos problemas, tanto la fuerza de la erección como el control de la tensión sexual influyen en la calidad del orgasmo, por lo que realizar los ejercicios de Kegel puede mejorar nuestra vida sexual.

¿Cómo se hacen los ejercicios de Kegel?

El primer paso para realizar los ejercicios de Kegel es identificar exactamente de qué parte del cuerpo se trata.

La mejor manera, para ello, es parar a mitad de la micción en el momento de orinar, ya que estos músculos son los encargados de esta acción. Al hacer esto, notaremos que la musculatura que se contrae está situada en la zona del perineo (entre los testículos y el ano).

También es conveniente familiarizarnos con su funcionamiento durante la erección y la eyaculación, tratando de retener el semen de la misma manera que la orina.

Una vez localizados, los ejercicios en sí mismos son muy simples. El primero de ellos se practica sentados sobre una silla o en la cama con las piernas ligeramente abiertas y las manos en las rodillas; en esta postura, se contrae ese músculo con fuerza y se mantiene esa contracción unos segundos antes de relajar el músculo.

El segundo se realiza tumbados boca arriba, con las piernas abiertas y flexionadas y la planta del pie tocando el suelo, y consiste en contraer de nuevo este músculo mientras se eleva la pelvis y manteniendo esa tensión unos segundos.

Para que sean eficaces, estos ejercicios deben practicarse todos los días unas cuantas veces. Para hacernos una idea, si dedicamos todos los días cinco minutos a ellos deberíamos empezar a notar el fortalecimiento a partir de la segunda semana.

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