Cómo sobreponerse a la decepción, cuando la vida o las personas no son como esperamos

  • Detrás de una decepción a menudo hay unas expectativas demasiado altas, ya sea en una persona o sobre el futuro. 
  • Lo primero es asumir que, en la vida, a veces las cosas no son como queremos. 
Olvidarse de alguien es un proceso de duelo que suele causar tristeza, rabia... y que puede llegar a enquistarse
La decepción puede provocar en nosotros sentimientos de tristeza y frustración. 
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A lo largo de nuestra vida vamos a enfrentarnos muchas veces a la decepción, y es que la vida o las personas con las que nos relacionamos, en muchas ocasiones no son como esperábamos que fueran. Cuando esto ocurre, es normal que la decepción se traduzca en frustración y el desánimo, pero no quedarse anclado en este sentimiento y mirar el futuro nos ayudará a seguir hacia delante… y a aprender del proceso para que sobrellevar mejor las próximas… porque las habrá.

¿Por qué nos decepcionamos?

Aunque no queramos, todos hacemos planes y tenemos expectativas sobre cómo deben ser las cosas, ya sea con nuestra pareja, nuestro trabajo, nuestros amigos… Cuando estas expectativas no se cumplen, llega la decepción, un sentimiento que, según en qué casos, puede hacernos mucho daño y hacernos sentir muy mal, sobre todo si se trata de decepciones relacionadas con lo que esperamos de las personas.

Este sentimiento nos hará plantearnos, en primer lugar, si nuestras expectativas eran correctas o, si sin quererlo, hemos visto la realidad cómo queríamos que fuera y no cómo es en realidad. Hacer este examen de conciencia está bien, porque nos sirve para tener expectativas más realistas en el futuro, pero no debemos caer en el sentimiento contrario, es decir, pensar que nunca vas a volver a confiar en nadie, que nadie es de fiar o que eres incapaz de hacer algo que te habías propuesto. Y es que, no podemos vivir sin expectativas ni esperanzas, son las que nos hacen levantarnos de la cama cada día.

¿Cómo superamos una desilusión?

Una vez nos hemos sentido decepcionados, no queda otra que superarlo y seguir adelante. El proceso será más fácil si seguimos algunas recomendaciones.

1.- Aceptar las cosas como son. Antes de poder superar nada, lo primero es aceptar lo que ha pasado. Tenías unas expectativas hacia algo o alguien, y no se han cumplido, no te machaques pensando en lo que pudo ser y no fue y asume que hay cosas que se escapan a tu control.

2.- Reconocer tus sentimientos. Después de un desengaño, es normal sentir tristeza, frustración, enfado… No te hagas el fuerte, es normal sentirse mal, acepta tus sentimientos y, si lo necesitas, habla de ello. Te ayudará a dejarlos ir, sobre todo si te desahogamos con la persona -en caso de que la haya- que te ha decepcionado. Tener otro punto de vista te hará ver las cosas con más perspectiva.

3.- Utilízalo como aprendizaje. Tras una decepción, la mejor manera de aprender de ella es buscar las causas, que pueden ser varias. ¿Tenías unas expectativas demasiado altas? ¿Has confiado demasiado pronto en alguien? ¿Lo estabas viendo como es en realidad o como querías que fuera? ¿Deberías haber sido más sincero acerca de lo que esperabas? ¿Dabas por hecho que sabía lo que querías de él?... y un largo etcétera.

4.- Sé benévolo contigo. Si llegas a la conclusión de que has hecho algo mal, no te machaques -ni dejes que nadie lo haga- y toma nota para la próxima. Frases como ‘tenía que haber…’, ‘Qué tonto he sido’ o peor aún, ‘Ya te lo dije’, ‘No me hiciste caso y mira lo que ha pasado’… Sólo traen sufrimiento y bajan nuestra autoestima y, por mucha experiencia vital que tengamos, nadie puede averiguar qué pasará en el futuro.

5.- Modera tus expectativas… pero tenlas. “No voy a volver a confiar en nadie”, “Nunca me voy a volver a enamorar”, “No sirvo, no volveré a intentarlo”… Estas frases, además de irreales, nos pueden hacer tremendamente infelices. Es normal que tras una decepción nos sintamos desconfiados, seamos menos accesibles… pero una vez superada la decepción, debemos volver a confiar… A confiar en las personas, a confiar en que seremos capaces de hacerlo… En resumen, tenemos que volver a hacer planes vitales o nos quedaremos anclados en el pasado. Seguro que la experiencia te ha servido para ser más prudente, moderar tus expectativas o ser más realista la próxima vez, pero el miedo a volver a decepcionarnos y a sufrir no puede ser una excusa para no vivir, porque en la vida, a veces se cumplen nuestras expectativas, y a veces no.

Si nos quedamos anclados en una decepción, hasta el punto de ver afectada nuestra salud mental o nuestra autoestima, no debemos dudar en buscar ayuda psicológica. 

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