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España ya alcanzó una vez la inmunidad de rebaño: el caso del sarampión que sirve de espejo para la covid

Vacuna sarampión
Vacuna sarampión
FLICKR - Archivo

La pandemia de coronavirus puede parecer un evento sin precedentes en nuestra historia (y lo es en muchos aspectos), pero en realidad la humanidad ya tiene una amplia experiencia con pandemias y epidemias. Aunque está claro que cada uno de los episodios previos tiene particularidades que lo hacen único (como ocurre con la covid), se pueden establecer ciertos paralelismos que pueden ayudarnos a hacernos una idea de qué desarrollos podemos esperar.

Así, recientemente el epidemiólogo Joan Caylà, miembro de la Sociedad Española de Epidemiología y presidente de la Fundació UITB (Unitat d'investigació en tuberculosis a Barcelona), explicó en una entrevista a 20Minutos qué podemos aprender de la historia del sarampión en España para aplicarlo a la situación actual y más específicamente cómo se logró en aquel caso la inmunidad de rebaño tan ansiada en estos momentos.

La vacuna: el comienzo del fin

El sarampión es una enfermedad infecciosa provocada por los virus de la familia paramyxoviridae del género Morbillivirus. Se trata de un patógeno que sólo afecta a los seres humanos y que mostraba tasas de reproducción (R) muy elevadas: es decir, era increíblemente contagioso.

El sarampión había sido una enfermedad tremendamente común desde la edad media (concretamente, las primeras menciones conocidas proceden de médicos árabes en el siglo VII de nuestra era). De hecho, afectaba a la mayoría de la población en algún momento de sus vidas. Por suerte, todo cambió a comienzos de la década de los 60, cuando se inventó la primera vacuna eficaz contra esta enfermedad.

A partir de este momento, fueron muchos los países que implementaron estrategias de vacunación contra esta enfermedad, logrando reducciones masivas en sus tasas de incidencia.

La importancia de la segunda dosis

No obstante, nunca se logró que la enfermedad desapareciera del todo. Y es que seguían sucediéndose brotes periódicos que afectaban a un gran número de personas (si bien muchísimas menos que antes de la vacuna).

En este momento, y según recuerda Caylà, España todavía era un país muy golpeado por la enfermedad, aunque ya estaba llevando a cabo un plan de vacunación masiva (en nuestro país no se implementó hasta el año 1978).

La comunidad de investigadores, entre los años 1985 y 1988, se fue dando cuenta de que muchos de los casos se producían en niños y jóvenes que de hecho habían sido vacunados. Esto llevó, en muchos lugares del mundo, a recomendar o incluir en los programas de vacunación una segunda dosis, que aumentaba de manera muy importante la protección contra el sarampión.

Un enemigo que nunca se va

Por desgracia, tampoco aquello fue suficiente. Entre 1989 y 1991, aún seguían reportándose casos de sarampión en muchas zonas del mundo, que no excluían necesariamente ni siquiera a los países más desarrollados. Y es que siempre han quedado pequeños grupos de población sin vacunar, en los que periódicamente la enfermedad vuelve a aparecer.

Aún así, y a base de perseverar en los programas de inmunización durante años, la incidencia de esta enfermedad ha caído de tal manera que en 2011 Estados Unidos pudo declarar que ya no era endémica (es decir, que había sido eliminada) en su territorio. La misma declaración finalmente se produjo en España en 2016. 

El fin de la endemia de una enfermedad es el indicador de que una población ha alcanzado la inmunidad de rebaño, una protección inmunológica a un determinado patógeno lo bastante extendida como para proteger efectivamente a quienes no la poseen por diversas razones.

Esto no significa que la enfermedad desaparezca del todo. Aparte de que aún hay áreas en los que continúa siendo endémica (especialmente zonas de África y Asia), en los países que la han eliminado aparece aún de manera anecdótica a causa de casos importados.

Qué podemos extrapolar para la covid

No está de más repetir que el sarampión y la covid son enfermedades diferentes. Son virus diferentes, con distintas características: por ejemplo, el coronavirus no es exclusivo a los humanos (lo que dificulta aún más su erradicación, hasta el punto de poder hacerla imposible) mientras que el sarampión es en principio mucho más contagioso (al menos que las primeras variantes; recientemente, el inmunólogo Alfredo Corell apuntó a que la variante ómicron podría ser ya tan contagioso como el sarampión). A pesar de ello, se pueden extraer algunas ideas centrales del relato del sarampión.

Por una parte, que las estrategias de lucha contra enfermedades epidémicas o pandémicas son cosa de años. Como señalábamos, desde el descubrimiento de la vacuna hasta la eliminación de la enfermedad en el territorio estadounidense pasaron nada menos que 48 años. En este sentido, en la entrevista mencionada Caylà señalaba que podemos esperar que recorrer el camino hasta la inmunidad de rebaño para la covid nos lleve años.

Otra conclusión que podemos extraer es que las campañas de vacunación necesitan ir perfeccionándose con el tiempo. No sólo con el sarampión ha sucedido que sea necesario ir añadiendo dosis de recuerdo a medida que pasa el tiempo, algo que a lo mejor se desconocía en los momentos de los primeros pinchazos. Con otras enfermedades, incluso, ha hecho falta ir sustituyendo los primeros sueros por otros más eficaces. De esta manera, no debe sorprendernos que tengamos que ir recibiendo nuevas dosis de la vacuna contra la covid.

También es importante comprender que la vacunación no puede proteger a todo el mundo. Por concienzudas que sean las campañas de vacunación, siempre va a haber personas que no obtengan inmunidad, sea porque no la desarrollen pese a recibir la vacuna, porque alguna condición médica les impida vacunarse o porque, desgraciadamente, rechacen voluntariamente inmunizarse. Como nos muestra el sarampión, son estos individuos quienes padecen más riesgo de ser víctimas de la enfermedad, incluso por importación una vez que no es endémica donde residen, pudiendo a veces llegar a ser el origen de brotes.

De la misma manera, el sarampión ejemplifica el coste de que la vacunación sea desigual entre las distintas zonas del mundo, especialmente entre las más desarrolladas y las más depauperadas. El avance desigual de la inmunidad por el mundo lastra el progreso hacia la completa erradicación, ya que crea 'santuarios' en los que el virus puede sobrevivir; a su vez, esto genera un peligro de casos importados para los países más inmunizados.

Y, por último, el sarampión enseña lo difícil que es lograr la erradicación de una enfermedad. Los seres humanos sólo lo hemos conseguido con una enfermedad que nos afecte directamente, que es la viruela. Mientras no se consiga la erradicación, siempre existe un cierto peligro, por mínimo que sea.

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