Está a punto de conseguirlo. En cuestión de pocos días, el presidente del Gobierno podrá decir que, como el entrenador que sobrevive agónicamente a los malos resultados de su equipo, ha conseguido comerse el turrón al frente de su cargo. Pedro Sánchez celebrará la llegada del nuevo año sin haber convocado elecciones y, por tanto, con el mango de la sartén en su mano. No tiene intención de soltarlo mientras esté en condiciones de sostenerse en pie.

A veces, Sánchez puede parecer un boxeador sonado, al que acaban de propinarle un fuerte puñetazo en el mentón. Pero si cae, se levanta. Si se tambalea, se endereza. Ni siquiera el aviso de los andaluces en las urnas le ha hecho quedarse en la lona. Ya perdió en las elecciones generales de 2015 y 2016 con los peores resultados históricos del PSOE, y ahí está: en Moncloa.

Pedro Sánchez ha sublimado la diferencia entre ser y estar. El presidente sabe que no es gobierno, porque en sus circunstancias políticas no puede gobernar. Pero sí está en el gobierno. Y eso es lo que cuenta. No para el país, al que le vendría bien alguien que gobernara. Pero sí para sus intereses políticos particulares porque, puestos a elegir, estar en el gobierno es siempre mejor que estar en la oposición.

También ha sublimado la sutil distancia que separa la estrategia de la táctica. Hace unos días, en una entrevista en el diario El País, Sánchez dijo algo muy cierto: que «estamos en una democracia inmediática, condicionada por los medios de comunicación y la necesidad de dar respuesta inmediata a las muchas cosas que se convierten en noticia cada diez minutos».

Las redes sociales y su efecto multiplicador en la televisión han hecho que la política se haya convertido en una fábrica de reacciones a cada foto o declaración que se hace viral. Los spin doctors que fabrican la imagen del presidente en los despachos de Moncloa han optado ya por no perder el tiempo con planes estratégicos que, por su propia naturaleza, tienen voluntad de largo plazo. Ocupan el tiempo en lo inmediato: en sobrevivir cinco minutos más en el poder haciendo lo que sea necesario para conseguirlo.

Y esto no ocurre solo en Moncloa. Las premuras inmediáticas se proyectan sobre las sedes de los demás partidos. Nadie escapa de esta pasión por la frivolidad del próximo minuto, del siguiente tuit. Pero con una diferencia: solo Pedro Sánchez está en el poder, y su responsabilidad con las cosas que pasan es exponencialmente superior. Gobernar, ya se gobernará cuando se pueda. Si es que se puede. Se aplicarán políticas cuando la situación lo permita. Si es que eso ocurre algún día. Entretanto, se hace política, que no es exactamente lo mismo. Pero, por lo visto, es lo primero.