A Adolfo Suárez la historia le encargó la ingente responsabilidad de conducir a España desde las sombras del franquismo hacia la anhelada democracia. Leopoldo Calvo Sotelo llegó a Moncloa en pleno trauma por el 23-F, encarceló a sus responsables y devolvió la voz al pueblo en las elecciones de 1982. Felipe González escribió el capítulo del primer gobierno de izquierdas desde la II República, y de modernizar el país en su camino hacia Europa. José María Aznar puso su empeño en que España cumpliera las condiciones exigidas para entrar en el euro, cuando parecía imposible conseguirlo. José Luis Rodríguez Zapatero se erigió en el campeón de las libertades civiles. Y Mariano Rajoy prometió sacar a España de la crisis económica, evitando el rescate. Todos tuvieron aciertos de alto alcance político, y todos cometieron errores con resultados dolorosos.

A Rajoy le toca buscar una salida a la mayor crisis constitucional de nuestra historia recienteA Rajoy le toca ahora buscar una salida a la mayor crisis constitucional de nuestra historia reciente, ante un riesgo real de fractura territorial, social, económica y emocional. Sus detractores consideran que la presencia de Rajoy, con su estilo pasivo y su tendencia derechista, nos encamina hacia el inevitable fracaso de los intereses del Estado. Sus admiradores están convencidos de que a una crisis histórica como esta le corresponde alguien como Rajoy, al que consideran un estadista sereno y sólido. El transcurrir de la historia nos otorgará la necesaria perspectiva para analizar con frialdad y desapasionamiento lo que pueda estar a punto de ocurrir.

Pero Mariano Rajoy no es un recién llegado. De él sabemos que acabó en la oposición después de que estallaran los trenes del 11-M en 2004, cuando parecía destinado a ocupar la Moncloa. Pero se supo sostener. Sabemos que también resistió un motín en el PP cuando perdió sus segundas elecciones en 2008, y desde entonces fue eliminando a todos sus enemigos internos y externos. Sabemos que llegó al poder en 2011, cuando la crisis económica estaba en un punto de aparente no retorno. Que le tocó ser el primer presidente al que le abdicaba un rey de España, y al que le correspondía tramitar la proclamación de un sucesor en medio de una creciente reivindicación republicana en las calles. Fue a Rajoy a quien el sistema político español de dos partidos le estalló en las manos para convertirse en un sistema de cuatro. Y, como consecuencia, fue Rajoy el primer presidente en estar casi un año en funciones, con dos elecciones seguidas, varias investiduras fallidas, y una investidura final en minoría absoluta. Y también fue Rajoy el primer presidente en comparecer ante un tribunal por un caso de corrupción de su partido. Rajoy ha sobrevivido a la travesía de cada uno de estos inmensos problemas. Ahora le ha caído encima la revuelta independentista en Cataluña. Quizá pronto conozcamos el desenlace.