Empiezan a estar desesperados. Ni siquiera es necesario adivinárselo, porque lo dicen sin reserva en actos públicos. La cuestión catalana invade el debate nacional, y los resultados de las elecciones autonómicas del 21 de diciembre han aclarado a qué partido beneficia y a qué partidos perjudica que la agenda política española sea un monográfico sobre Cataluña. El líder del PSOE, Pedro Sánchez, va por las sedes socialistas clamando al cielo para que se hable "con la misma intensidad de otros temas importantes". Pablo Iglesias, tan irritado como Sánchez por esa deriva, considera que su error "ha sido permitir que la agenda social desaparezca del debate". Ambos tienen razón al reconocer su propio fracaso en el intento de imponer los debates públicos nacionales.

Los amantes de las teorías conspirativas consideran que hay una conjunción de intereses bastardos para que solo se hable de Cataluña, lo que según esa tesis perjudicaría a la izquierda. Por eso aspiran a que se recuperen para la discusión pública los asuntos sociales y de corrupción, que perjudicarían al PP. Esta teoría de la conspiración tiene como elemento endeble la realidad de que cuando hace unos años solo se hablaba de la crisis económica, del paro creciente y de la corrupción la oposición se mostraba entusiasmada, Podemos multiplicaba sus votos, a Pablo Iglesias se lo rifaban en todas las cadenas de televisión y, por tanto, estaba feliz con la agenda política imperante. En aquel tiempo era el PP el que se quejaba de que los asuntos de debate no fueran más diversos.

Controlar la agenda política es la obsesión de los partidos. Y ninguno lo consigue. Rajoy confiaba en que en esta legislatura el asunto cardinal fuese que el gobierno del PP saca a España de la crisis económica y crea cientos de miles de puestos de trabajo. Y eso, en parte, está ocurriendo. Pero la agenda política catalana apenas permite que se preste atención ni a los datos de empleo, ni a los de crecimiento. Por el contrario, los tres partidos de la oposición querrían que esta legislatura produjera titulares que circularan en torno a los juicios por casos de corrupción que afectan al PP. Y, sí, se habla de ello, pero apenas de forma episódica, si se compara con la intensa atención que consiguen las andanzas del famoso fugado en Flandes. Solo Ciudadanos ha visto crecer sus expectativas de futuro gracias a Carles Puigdemont.

Dar la vuelta a la agenda política no es tan sencillo como apretar el botón del mando a distancia para cambiar de canal de televisión. Y esa dificultad ha hecho que la legislatura nacional se haya vaciado de contenido. Quizá la derrota que ya reconoce Puigdemont por Whatsapp ("esto se ha terminado") suponga el final de su escapada, y una nueva agenda política a medio plazo.