A por el centro

VICENTE VALLÉS. PERIODISTA
Un votante deposita un voto en una urna.
Un votante deposita un voto en una urna.
EFE

Cuando España era bipartidista, la teoría más extendida consistía en que las elecciones las ganaba aquel partido (PSOE o PP) capaz de seducir a los votantes de centro. Se daba por supuesto que la izquierda votaría mayoritariamente al PSOE y la derecha, al PP. Por eso la batalla se concentraba en atraer al votante fluctuante que tenía la mente abierta para cohabitar cómodamente con cualquier de los dos partidos, dependiendo del momento.

En alguna medida, Zapatero rompió esa dinámica cuando se hizo con las riendas del PSOE y se lanzó a por los votantes a la izquierda de su partido, y no a por los que se encontraban en la zona fronteriza con el PP. Aquella estrategia le llevó al poder, aunque terminó por perderlo abruptamente cuando la gestión que hizo de la crisis económica empujó a buena parte de la izquierda a abstenerse, y a casi todo el votante de centro a pedir la vuelta de los populares. Y eso es lo que ocurrió.

En nuestro tiempo, la dispersión del voto en hasta cinco partidos de ámbito nacional (que ahora serán seis con el advenimiento de Más País) ha colocado a los electores ante la posibilidad de hacer un ajuste muy fino con su voto. Y, de repente, PSOE, PP y Ciudadanos se han dado cuenta de que el votante de centro puede ser, otra vez, determinante.

En el centro están muchas parejas jóvenes con hijos en edad escolar, que viven en barrios de clase media de ciudades medianas y grandes, muchos de ellos con estudios universitarios, que pagan una hipoteca o un alquiler muy elevado, que están preocupados por una economía menguante, temerosos de que eso les haga perder sus empleos, y que tienen un sentimiento nacional que se ve interpelado por el independentismo catalán. Este sector social es ahora el gran objetivo electoral.

Lo es para Ciudadanos, que se suponía que había nacido para ocupar ese espacio político. Pero en las últimas citas electorales, Albert Rivera ha sido visto más como un líder en competencia directa con el PP que como un representante del centro.

Lo es para el PP. Pablo Casado estaba más preocupado de no perder votos hacia Vox que de ganarlos por el centro, y ahora asume para sí el lema que ya tuvo Manuel Fraga en los años 80 de "centrarse"... El inacabado viaje al centro.

Y lo es para el PSOE, en contra de todo lo que ha querido representar su líder. Porque Pedro Sánchez se erigió en el apóstol del "no es no" y ganó las primarias de su partido comprometiéndose a ir "codo con codo con Podemos", a lo que su militancia respondió la noche de las elecciones del 28 de abril con el famoso lema de "con Rivera, no".

Con Rivera, no. Pero con los votantes de Rivera, sí. Rivera no los quiere perder. Casado los intenta recuperar. Y Sánchez se los quiere quedar.

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