Qué hacer con los trabajadores a los que los robots mandarán al paro

AINA GALLEGO. PROFESORA DEL INSTITUTO DE BARCELONA DE ESTUDIOS INTERNACIONALES (IBEI)OPINIÓN
Aina Gallego.
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La oficina bancaria de debajo de mi casa tenía cinco trabajadores hace unos años. Ahora la única persona que trabaja ahí concede préstamos e hipotecas si los aprueba un algoritmo y te envía al cajero para cualquier operación.

No sorprende pues que la preocupación por el impacto de los robots en el empleo no pare de crecer, como muestra Ulises: más de un 60% de los encuestados cree que los robots sustituirán a trabajadores. Intentando no dejarse llevar por la angustia ante la disrupción, es imprescindible anticipar los escenarios más probables. Más allá de ayudar a los trabajadores a adaptarse, una de las grandes cuestiones será cómo arropar a los millones de personas que muy pro-bablemente no puedan hacerlo.

Los avances en campos como la inteligencia artificial, el procesamiento de lenguaje o la robótica destruirán o modificarán muchos empleos, pero no está escrito que vayan a destruir más empleo del que crearán. Las transformaciones previas, por ejemplo la mecanización de la agricultura y parte de la industria, no han conllevado un desempleo masivo, siendo compensadas por el crecimiento de la capacidad adquisitiva de la población y por los nuevos sectores económicos.

La cuestión principal es si los trabajadores "desplazados" podrán reciclarse de manera suficientemente rápida para cubrir los nuevos em-pleos que se creen o si tendremos bolsas de desempleados por un lado y empleos sin cubrir por otro.

Por desgracia, es poco realista pensar que todos los operarios sustituidos por robots en una cadena de montaje puedan reciclarse en ingenieros mecánicos. Dos factores intensifican la preocupación por la capacidad de adaptación. La velocidad del cambio parece haberse acelerado. Tareas que parecían imposibles, como que un robot corra por el bosque o que un algoritmo escriba noticias de periódico, se materializan.

En segundo lugar, los cambios se extienden ya a un enorme rango de empleos. A los programas informáticos se les han dado siempre bien las tareas "rutinarias". Sin embargo, con los avances en machine lear-ning e inteligencia artificial, los algoritmos y robots son cada vez más capaces de realizar tareas no rutinarias y complejas, como diagnosticar enfermedades o redactar recursos judiciales, con lo que pocos empleos están a salvo de los cambios.

Un escenario realista es que un porcentaje importante de la población sea "desplazado", su profesión se transforme o desaparezca, y no sepa cómo reengancharse al mercado de trabajo. La cuestión es qué hacer. Además de políticas activas de formación y empleo, cada vez más voces proponen programas de renta básica para garantizar unos estándares de vida a todos y repartir la riqueza social. Existen también propuestas similares menos conocidas pero quizás más viables como los impues-tos negativos a la renta (negative income tax).

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