El presidente de EE UU anuncia que concurrirá a su reelección en 2020 y lo hace mientras desvela, a golpe de tuit, que se deportarán a millones de inmigrantes sin papeles.

Se postula en un contexto de crecimiento económico récord en su país, de 121 meses seguidos, así como con la mayor rebaja de impuestos y la menor tasa de paro desde los 80. Sin embargo, desde la Guerra Fría, pocos líderes han logrado tener en vilo a tanta gente en tan poco tiempo.

Desde que accedió al poder, se ha metido en Israel, que ya era un polvorín; en Irán, retirándose del acuerdo nuclear; así como en Corea, con el "hombre cohete", como llamó a Kim Jong-un, en un rifirrafe que ya veremos como acaba.

En lo económico, la cuestión no está mejor: se ha envuelto en una guerra comercial con China, con 5G incluido, que se está llevando por delante a Huawei; ha impulsado una política arancelaria perniciosa y para más inri está alentando al Reino Unido para que opte por un brexit duro; todo ello sin contar con el cambio climático, que no es un mal menor.

Quiero pensar que ganó las elecciones por demérito de Clinton más que por méritos propios, que el pueblo nunca se equivoca y que tampoco lo harán los sondeos que le auguran un mal resultado.

Si nos atenemos a una encuesta que hizo el Instituto DYM hace poco más de un año, se puede decir que el mundo no quiere a Trump: un 59% de la población prefería a Clinton y solo un 25% optaría por él. De 45 países, solo Rusia le apoyaría.

Una pena que no podamos votar todos. Y mientras, en EE UU miles de personas guardan cola para ver a un presidente que ya ha recaudado decenas de millones de dólares para su campaña. Ver para creer.