Jefes mal preparados

JOSÉ MOISÉS MARTÍN CARRETERO. ECONOMISTA
Economista. CEO en Red2Red Consultores.
Economista. CEO en  Red2Red Consultores.
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Esta semana, el prestigioso diario económico Financial Times ha publicado su ranking anual sobre escuelas de negocio en Europa. La publicación de estos rankings es una fecha motivo de satisfacción para la economía española por cuanto nuestras tres grandes escuelas de negocios (el Instituto de Empresa, el Esade y el IESE) suelen puntuar entre los mejores del mundo y, en esta ocasión, se encuentran de nuevo entre las diez mejores escuelas de negocios de Europa. Algo más atrás aparece la oferta de la Escuela de Negocios EADA de Barcelona, siempre entre las treinta mejores escuelas de negocios. No falta quien contrapone este logro con los magros resultados de nuestras universidades —públicas y privadas— en los rankings internacionales, aunque hay notables excepciones, como el avance logrado por la Universidad de Barcelona en 2016, que se ha situado entre las 200 mejores universidades del mundo, o la Pompeu Fabra, entre las 100 mejores universidades del mundo para estudiar economía y ciencias sociales.

Los motivos de estas diferencias son variados. Atendiendo solamente a algunos de ellos, señalaremos tres: en primer lugar, los recursos movilizados. Estudiar un máster de un año en una escuela de negocios de prestigio en España puede llegar a costar hasta 65.000 euros, es decir, aproximadamente cinco veces más que un año universitario en cualquiera de nuestras universidades públicas —incluyendo tanto la matrícula del estudiante como la mucho más cuantiosa aportación del Estado—. Los recursos destinados por estudiante/año son, por lo tanto, muy superiores a los que se destinan a la universidad pública. En segundo lugar, la flexibilidad organizativa de las escuelas de negocio, que permiten realizar una gestión mucho más directa y pegada al mercado que nuestras universidades, sujetas como están a numerosas regulaciones, incluyendo la todopoderosa Agencia Nacional de Evaluación y Acreditación, que vela por la calidad de la formación y la investigación realizada en España, tanto en universidades privadas como públicas. Y de manera paralela a ambas características, la naturaleza de fondo como tercera razón. Mientras que la universidad en España está institucionalmente diseñada para promocionar la movilidad social, las grandes escuelas de negocio están pensadas para seleccionar a las élites financieras y empresariales. Esa es su función y es claramente distinguible de la de la universidad pública, dirigida a promover tanto la investigación como a la cualificación del capital humano.

Atendiendo al impacto de estas escuelas en la productividad nacional, nos encontramos con que, pese a su existencia, la formación de los directivos en España es muy desigual: si bien en el IBEX 35 22 de los 35 máximos ejecutivos cursaron estudios de posgrado o doctorado en escuelas de negocio y universidades varias, según la Encuesta de Población Activa, trabajan hoy en España 745.000 directivos de empresa. El Banco de España ha alertado de la escasa profesionalización y formación de estos cuadros directivos, y el World Management Survey señala su escasa formación, situándolos a la cola de las economías más avanzadas. La falta de formación y profesionalización de los directivos españoles incide negativamente en la productividad de las empresas y de la economía, en el uso de los recursos y definitivamente en la cuenta de resultados de las empresas y su capacidad de supervivencia.

Tener escuelas de negocio en la élite mundial es un factor que necesariamente debemos poner en valor y preservar, por el positivo papel que tiene en la formación de la élite empresarial española. Pero esa formación, que afecta a un reducido grupo anual de estudiantes, debería ser necesariamente completada con un mayor esfuerzo en la calidad de la formación de  la inmensa mayoría de nuestros empresarios y directivos. Un aspecto este en el que tenemos todavía mucho por hacer.

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