Preguntas para la Asamblea Ciudadana de Podemos

JOSÉ MANUEL LÓPEZ. PORTAVOZ DE PODEMOS EN LA ASAMBLEA DE MADRIDOPINIÓN
José Manuel López, candidato de Podemos a la Comunidad de Madrid.
José Manuel López, candidato de Podemos a la Comunidad de Madrid.
Podemos

En el año 2011, con el 15M emergió a la superficie el profundo deseo de cambio que teníamos amplios sectores de la sociedad española.  Tres años después Podemos celebró su primera Asamblea Ciudadana en Vistalegre; la indignación social tomaba forma de proyecto político y comenzaba una intensa dinámica electoral que no ha cesado hasta las elecciones vascas y gallegas del pasado mes de septiembre. Podemos se ha convertido en el actor fundamental que marca la agenda política.

Personalmente durante años estuve comprometido en la sociedad civil; en mi asociación de vecinos, en la cooperación internacional o en Cáritas. El 15M me mostró que éramos muchos en la misma situación y me empujó a saltar la política tras el primer Vistalegre. Ahora estoy haciendo política en la Asamblea de Madrid, sin dejar la sociedad civil que me impulsó. Mi camino es como el de mucha gente de Podemos que nunca entró en los viejos partidos, a pesar de tener posibilidad, pero que vimos que este proyecto merecía la pena.

Ahora la Asamblea Ciudadana de Vistalegre II debe sacar a Podemos de la dinámica electoral y convertirlo en la herramienta de transformación para ganar la próximas elecciones europeas, autonómicas y generales. Es una enorme responsabilidad ante la posibilidad real de un cambio positivo en nuestro país.

El contexto es propicio: el PSOE cayendo, Europa en plena crisis y con necesidades de nuevos horizontes. Vistalegre II tiene por tanto una importancia crucial porque el rumbo que tome marcará el tablero político español de los próximos 20 años. Podemos está ante una encrucijada y  me hago algunas preguntas.

¿Esperanza o miedo?

El miedo actúa como paralizante de cualquier reflexión lúcida, es un arma ampliamente utilizada para persuadir cuando ya no existen recursos dialécticos. De un tiempo a esta parte, en Podemos se debate en torno a un sentimiento tan atávico como el miedo; a quién hay que dar miedo, quién da más miedo a quién  y cómo se le saca más rendimiento al miedo.

Hace dos años los argumentos se articulaban en torno a la esperanza y fueron capaces de abrir un espacio político inédito. Hoy hay más razones para la esperanza porque se gobierna en multitud de ayuntamientos, hay experiencias parlamentarias y se están cambiando leyes que mejoran la vida de la gente. Hoy ya sabemos cómo se puede cambiar el país y que hay dinero para hacerlo; basta con dejar de hacer macro obras innecesarias y que los grandes patrimonios aporten lo debido para terminar con la desigualdad.

El poder no le tiene miedo al miedo; lo siembra, lo alimenta y vive de él. Entrar en esa dinámica, es entrar en el juego del mal poder. El poder le tiene miedo a la esperanza.

¿Centralidad o márgenes?

Escuché que Podemos debe perder el miedo a la marginalidad. Ubicarse en la marginalidad es una idea de quien nunca ha estado cerca de ella o no la ha vivido. La marginalidad es un mal lugar, ese abismo de donde la gente quiere salir. La fuerza de Podemos es precisamente colocar lo que estaba en los márgenes en el centro y hacer desaparecer los márgenes. Tener una sociedad en la que todos puedan vivir con dignidad, el objetivo es poner en el centro las necesidades, problemas y expectativas de la gente y darles respuesta.

¿Calle o institución?

El 15M nos sacó a las calles al grito de “no nos representan”. Se trataba de que en las instituciones hubiera personas que si nos representaran: médicos, profesoras, funcionarias, parados. Llevar la realidad de las calles a las instituciones para cambiarlas y sobre todo para devolver a las calles la mejora en la vida de la gente y en la democracia que se demandaba. Ocupamos las plazas para protestar y ahora de lo que se trata es de ocuparlas para vivir. De la calle a la institución y de la institución a la calle.

¿Amplitud o estrechez?

Podemos consiguió transformar el tablero político introduciendo el eje arriba-abajo en contraposición al derecha-izquierda. Fue suficiente otra forma de mirar la política para empezar a cambiarla. Se construyó un espacio muy plural, muy “amplio” en el que cabía mucha gente: la sociedad civil organizada, los millones de personas que de manera individual se sentían indignados y una parte de la izquierda descontenta con los viejos tics. El arriba- abajo se ha mostrado mucho más incluyente que el izquierda-derecha. Volver a este último, es decir, a refundar la izquierda sería estrechar mucho el campo. Lo estrecho entra en lo amplio, pero lo amplio no entra en lo estrecho.

¿Participación o vieja cultura política?

La maquinaria electoral no ha permitido elaborar con reflexión la cultura interna de Podemos. El primer Vistalegre dibujó un partido enmarcado por la hiperactividad electoral, que no aplicaba internamente la misma participación y pluralidad que pedía hacia afuera. El no tener tiempo para el desarrollo de una cultura propia ha facilitado, en ocasiones, que se aplique la cultura de los viejos partidos. Eso siempre pasa por poner al partido por encima de la gente; poner las decisiones de pocos por encima de las primarias y las consultas; poner el poder por encima del cambio, premiar la mala fidelidad sobre la capacidad. Participación, pluralidad, proporcionalidad, coralidad, debate, mérito son los términos que requiere al interno una nueva cultura política.

Si queremos un proyecto político que transforme esta sociedad y la haga más justa y más digna tenemos que asumir que va a suponer un enorme trabajo. Tras las numerosas citas electorales los ritmos son más lentos y podemos conversar y establecer estrategias que busque cambios profundos. Podemos tiene que construir un cambio de modelo.  

Vistalegre II debe ser un punto de inflexión donde la mirada cambie de adentro y se centre hacia afuera; del ombligo a la gente. Porque lo que se espera de Podemos es cambiar el modelo productivo y que la transición energética y el apoyo a la dependencia sean fuente de empleo y reduzcan el paro; que se cambie la fiscalidad para que los que tienen más, paguen más y poder reducir las desigualdades y financiar la sanidad, la educación y el rescate ciudadano; que se impulse la cultura y sea accesible. Lo que se espera de Podemos es que haga el cambio que gritó el 15M.

Personalmente creo profundamente en un proyecto que despierte esperanza, con instituciones pegadas a la calle, que apele a la mayoría social y en el que la participación genere una cultura política nueva. Un proyecto que sea útil y cambie nuestro país. Para eso el primer paso es que el marco de Vistalegre II sea muy democrático; que primero se discuta de política y luego de las personas que la desarrollen; que los sistemas de votación sean proporcionales y que pueda participar el máximo número de simpatizantes dejando los censos abiertos.

Hay muchas preguntas y tenemos que dar respuestas.

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