Noticias desgarradoras del presunto asesinato de tres mujeres en la franja de 48 horas por sus parejas o exparejas en este último fin de semana se suman este año al destino y origen de otras 39  mujeres.

Y ello apenas sin recuperarnos de la imagen de la violencia de género que hemos visto en la historia de  Esther al volver a su casa de Alicante de madrugada hace unos días. Vil y cobardemente esperada por su maltratador en el ascensor: golpeada, arrastrada, empujada, humillada, masacrada, cosificada, maltratada y denigrada. Golpes directos y certeros que estaban dirigidos a su integridad física y de la misma forma a  su integridad moral. Esa es la imagen de la violencia de género a la que Esther puso rostro e imagen con su historia. Es la historia que normalmente no se ve, pero que es tan real y trágica como la de cada una de esas mujeres asesinadas.  

Fallan los maltratadores y fallan los que con su silencio se convierten en cómplices

Cifras de la vergüenza que conocimos ayer a través de los datos del tercer trimestre del año 2016 del Observatorio de Violencia de Genero a través de la voz de su presidenta, donde se confirma el ascenso de un 14% de denuncias de violencia a las mujeres y de un 3% de órdenes de protección.

¿Que está fallando? Fallan los maltratadores y fallan los que con su silencio se convierten en cómplices. Ya no se puede concebir a nadie socialmente sin un compromiso activo contra la violencia de género. No es suficiente con condenarla. Seamos beligerantes contra cualquiera de sus manifestaciones. Agendemos ese compromiso y ese activismo. Que esté presente siempre en nuestras vidas.   Seamos beligerantes contra la violencia de género.   Intolerantes y Activistas contra esta tragedia social que vivimos. Y es que 4 cuatro de cada 10 asesinatos en el mundo lo es o va a ser por violencia de género, según la OMS. Un tercio de las mujeres ha sufrido o sufrirá esta violencia en su vida de pareja. Actuemos. Porque ese activismo es el único sendero que nos lleva a la igualdad.