Solari fue Lopetegui durante 75 minutos, hasta que se decidió  a sacar a la perla del Real Madrid. Entonces, todo cambió. Hasta la Diosa Fortuna se vistió de blanco y ganó un partido que los blancos quizás no merecían ir perdiendo pero tampoco ganando hasta ese instante del ¿tiro a puerta? de Vinícius Junior.

El nuevo faro del Real Madrid, la luz que ilumina su oscurísimo juego, está claro que se llama Vinicius. Sin ser aún Pelé, es el jugador que levanta el ánimo a los madridistas. Dice un amigo mío, Paco González, que la suerte siempre ilumina y toca a las estrellas. De momento contra Melilla y Real Valladolid ella sólo quiere ser novia de este joven brasileño.

Escrito todo lo anterior, no me negarán que al Real Madrid, con Lopetegui o con Solari, le cuesta hacer buen fútbol y goles. Cargan, apuntan, disparan... pero la liebre del gol se les sigue escapando. Y especialmente hay que señalar a las dos grandes estrellas, que siguen mostrándose como dos más o incluso peor que el resto. Benzema y Bale, no lo negaré, no son santos de mi devoción, pero qué cosas deben hacer aun peor para que antes Lopetegui y ahora Solari se olviden de ‘galones’ y les escarmienten con el banquillo. Ni uno ni otro pueden vivir de goles en días señalados y después a relajarse en el barbecho mientras que otros, aún haciéndolo bien, ven los partidos desde la grada o en el banquillo. Con Lopetegui y con Solari.

El próximo partido es en la República Checa contra un equipo menor. Allí buena parte de los madridistas esperan que Vinícius sea titular, con Gareth y Karim en el banquillo. En Vigo, salvo partidazo de estas dos estrellas frente al Viktoria Plzen, y si Santiago Hernán Solari se deja de políticas, también deberían arroparse con la manta banquillera en Balaídos. Pero ya verán como no. Porque todos los entrenadores son iguales y muy parecidos, o quizás (y probablemente) es que los demás no tenemos ni idea, les envidiamos por no saber jugar al fútbol.