El precio de la electricidad y el fracaso del sistema

SERGIO DE OTTO. PATRONO DE LA FUNDACIÓN RENOVABLES
Sergio de Otto (20 minutos).
Sergio de Otto (20 minutos).
SERGIO DE OTTO

La alarma social causada por el precio récord alcanzado por la electricidad el pasado lunes entre las 19.00 y las 20.00 horas, nada más y nada menos que 182,54 €/MWh, cuando el precio medio del día fue de 61,40 €/MWh, está justificada. Todo el mundo apunta a la escasez de agua en nuestros pantanos por la sequía que paraliza las centrales hidroeléctricas y la ausencia de viento que deja parados los aerogeneradores. Y, efectivamente, esos dos factores son ciertos, pero no solo es eso, hay mucho más. Por ejemplo, esa cifra récord se debe a un sistema absurdo que además paga ese mismo precio, los 182,54 €/MWh, no solo a la central que lo ha marcado (por ser la última en cubrir la oferta de esa hora), sino también al resto de centrales que generan con tecnologías que lo hacen más barato.

Lo más preocupante es el precio tan alto que llevamos arrastrando todo el año y no ese pico puntual, por lamentable que sea. El problema principal es que este Gobierno y el precedente, en un caso con José Manuel Soria como ministro y ahora con Álvaro Nadal al frente de la no política energética (siempre inspirada por este último), llevan casi seis años inundando el BOE de leyes, decretos, disposiciones y reglamentos en un disparatado aluvión de normas que tenían siempre como fin último contener el precio de la luz. Pese a que a la publicación de cada nueva norma el Gobierno cantaba victoria, hoy, una vez más, los datos, sí, los datos, constatan su clamoroso fracaso.

El precio medio del mercado eléctrico es hoy casi un 50% más alto que los que podíamos encontrar hace un año, y la diferencia entre la aportación de las energías hidráulica y eólica entre 2016 y 2017 no justifica en absoluto esa diferencia. En lo que va de año la electricidad generada por el agua supone el 9% del total, mientras que el pasado año fue el 17%. Es decir, un 8% menos, al que si le sumamos el 1% (sí, solo el 1%) que han disminuido la eólica y la solar, llegamos a un 9% menos de aportación de las renovables, lo que no justifica esta subida.

A partir de los datos, dos reflexiones. Una primera: por fin todos estamos de acuerdo en que a mayor presencia de renovables en el sistema, el precio de la electricidad es más barato. ¿Enterramos, entonces, el mito de que las renovables son caras? Perfecto.

Segunda reflexión: ¿qué es lo que nos ha sobrado estos meses? ¡Sí, bingo: el sol! Estos anticiclones, a los que no les da la gana de abandonarnos, es lo que tienen, inundan nuestro territorio de radiación solar que la tecnología permite convertir en electricidad a unos precios muy competitivos. Lo hacen los alemanes con diez veces más potencia que nosotros y los británicos, que empezaron antes de ayer y que ya triplican la potencia instalada en nuestro país. Y, ya se sabe, estos dos países son famosos en el mundo por disfrutar mucho del sol. ¡Ah, no, que esos éramos nosotros! Otro dato, en 2016 instalamos menos fotovoltaica en todo el país que la ciudad de Bruselas.

Efectivamente, nos habíamos olvidado de que aquí tenemos un abundante yacimiento energético en las renovables y de que estamos padeciendo ya los efectos del cambio climático que algunos negaban hasta ayer. Y seguimos con un sistema eléctrico ineficaz, injusto y que da la espalda a la realidad tecnológica presente.

De la misma forma que no estamos todavía inmersos en una cultura de la energía que tenga como principios básicos el ahorro y la eficiencia. Para la Fundación Renovables la energía es un bien básico, un derecho y no el negocio de unos pocos, pero ante todo debemos cambiar nuestra forma de utilizarla para no despilfarrarla. Estos episodios deberían servir para estimular otros comportamientos en nuestra relación con la energía.

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