Estimadas alcaldesas, estimados alcaldes, de nuestras grandes ciudades:

Ruego incorporen como tarea fundamental en su gestión la lucha contra la contaminación que hace de esas urbes que rigen un lugar peligroso para la salud de sus habitantes.

Muchas ciudades de todo el mundo han declarado ya la guerra a los vehículos de combustión

Debo recordarles, en primer lugar, que el 80% de las emisiones que se producen en el ámbito urbano tienen su origen en la movilidad y en la calefacción. Ambas son actividades en las que desde los ayuntamientos se puede influir decisivamente para evitar o reducir, al menos, los altos índices de contaminación que estos días son noticia.

Las recetas para reducir esa contaminación existen y desde la Fundación Renovables hemos elaborado las nuestras en el documento Ciudades con futuro, futuro que es el que queremos para nuestras urbes. La primera medida debe ser una creciente peatonalización (que supone también prestación de servicios cercanos) y el fomento de la bicicleta, pero, por favor, con carriles en condiciones; por supuesto, es necesario un inmenso esfuerzo en la mejora del transporte público que por su eficacia disuada a los automovilistas, transporte público que obviamente debe electrificarse. Por último, como consecuencia de lo anterior, hay que hacer desaparecer los coches de combustión. Las medidas fiscales a su alcance pueden ayudar en la tarea, ya sea con exenciones para los vehículos no contaminantes y/o penalización a aquellos que emiten esos gases causantes de la contaminación.  

Muchas ciudades de todo el mundo, sobre todo grandes capitales europeas, han declarado ya la guerra a los vehículos de combustión y especialmente a los diésel causantes de la concentración de óxido de nitrógeno que daña a nuestro aparato respiratorio. Por ejemplo, París ha tomado ya la trascendental decisión de prohibir a partir de 2025 la circulación de esos vehículos diésel y otras capitales del norte de Europa tienen previsto para 2030 sacar de sus calles todos los vehículos de combustión.

Alcaldesas y alcaldes, si me lo permiten, les sugiero que para el éxito de estas necesarias políticas cuenten desde el principio con la ciudadanía. Contrasten sus iniciativas con las organizaciones y entidades sociales, sensibilicen a sus vecinos sobre las causas de la contaminación que padecen y expliquen a fondo las medidas para contrarrestarlas, para que seamos sus cómplices y no las víctimas de unas medidas que no entendemos.

Atentamente, Sergio de Otto