Quedan menos. Pocos. Eddie Vedder, Dave Grohl y casi para de contar. Se apaga Seattle. Y el grunge. Y la infancia y adolescencia de muchos. También la madurez de otros. Se va la voz de una generación distinta y distante. Y como otros tantos, antes de tiempo. Un superviviente leal durante muchos años a un estilo mal popularizado por la precoz fama y muerte de Kurt Cobain, cuando todo estaba todavía a medio hacer. El líder de Soundgarden. Alma de Temple of the Dog -banda con la que se quiso perpetuar el recuerdo de Andrew Wood, que también se 'largó' con las malas formas de los 90-. El que decidió que Audioslave era esa vida extra camino a la vejez, o tal vez su último viaje. El estilo y la clase de antes. Ese al que muchos nos quisimos parecer. El que empezó aporreando baterías y grabando todas y cada una de sus pistas. El que también se llevó palos por salirse de aquello que mejor sabía hacer. Su Black Hole Sun me recuerda a cuando las camisas de cuadros, los monopatines y los cassettes no eran moda, sino simple rutina. A mí me lo presentó mi hermano. A vosotros no sé quién fue. Él nació en Seattle y murió en Detroit con muchas cosas aún por decir. O quizás ya no. Ahora, hagan el favor de escuchar y rendir culto como es debido. Todo sea por el grunge y sus más de 30 años de angustia. Una angustia que hoy ha vuelto a aparecer.