Tu coche se hace el tonto

ROSALÍA LLORET. PERIODISTA Y EXPERTA DIGITAL
Rosalía Lloret, periodista.
Rosalía Lloret, periodista.
JORGE PARÍS

Antes de que los coches se conviertan en súper-listos, y sean capaces de interpretar ellos solos el caos de muchas obras, o el embrollo de algunas rotondas. Antes de que las leyes de cada país sepan discriminar correctamente cuándo la responsabilidad del accidente de un coche autónomo es de su dueño, cuándo de la marca fabricante o cuándo del software que lo guía. O antes de que los conductores aceptemos la idea de que nuestro coche quizá decida algún día salvar la vida 'más valiosa' de un niño en lugar de la nuestra, no nos vendría nada mal que los automóviles fueran simplemente más listos que ahora. Buena parte de las 1.160 vidas que se perdieron al volante en España en 2016 -o de las hasta 40.000 en EEUU- podrían salvarse.

Esta es la conclusión que han alcanzado los investigadores del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) que trabajan con Toyota en un modelo de conducción -'autonomía paralela'- que exige el manejo humano, pero que permite la toma completa de control por parte del automóvil cada vez que el conductor se equivoca o comete alguna fechoría voluntaria. La idea se parece más a un 'ángel de la guarda' que a un chófer, explican los responsables de robótica del MIT. Un modelo que requiere también de considerables dosis de inteligencia artificial para funcionar correctamente, pero podría llegar al mercado bastante antes.

Al igual que los prototipos de Tesla, Google o Uber; el Toyota Prius que prueba el MIT en Boston está cargado de cámaras, sensores, electrónica y una detallada cartografía en 3D que le permiten interpretar todo lo que ocurre a su alrededor, sean aceras, carriles, señales, otros coches o personas. Si el humano detrás del volante 'la pifia', el coche ajustará la dirección del volante o frenará incluso aunque el conductor siga pisando el acelerador. La toma de control por parte del automóvil puede resultar algo brusca, pero es un precio muy bajo a pagar para reducir hasta un 80% de las muertes que se producen al volante, según los cálculos de la multinacional de componentes Delphi.

La 'autonomía paralela' va más allá de los primeros niveles de inteligencia de los automóviles (que asisten al conductor en la conducción, pero no toman las riendas completamente), ya presente en algunos modelos de mercado. Pero, a diferencia de los famosos coches autónomos de Tesla, los Prius del MIT no presuponen que el coche es el conductor y que el ser humano solo toma el volante en casos de emergencia, sino justo lo contrario. Como han podido comprobar los investigadores, los humanos son especialmente malos para esta tarea de ‘respaldo’ o último recurso: si confían en que conduce otro, se distraen fácilmente y pierden la concentración, algo que les impide dar una respuesta rápida en cualquier situación que lo requiera. No es fácil saltar rápido de una peli o de un juego en el móvil, por ejemplo, al galimatías de algunos cortes de carretera.

Es por este motivo que varias marcas como Google, Ford o Volvo proponen saltarse cualquier grado intermedio de inteligencia e ir directamente al automóvil plenamente autónomo: uno en el que los humanos no necesitan ¡ni deben! tomar los mandos en ningún momento. Hasta el punto de que sus propuestas no disponen de volante ni pedales, para evitar cualquier tentación. Pero la cosa no es nada sencilla. A pesar de los avances en inteligencia artificial, y de los miles de kilómetros de 'aprendizaje' realizados por los prototipos, es francamente difícil reproducir todas las situaciones más o menos caóticas con las que puede llegar a encontrarse un coche inteligente.

Mientras tanto, es muy probable que algunos de nuestros futuros coches se hagan los 'tontos' para dejarnos conducir normalmente (y evitar distracciones), pero sí tomen totalmente las riendas siempre que sea preciso. O que, según la sorprendente solución alternativa presentada recientemente por Nissan, que sean otros humanos más atentos quienes respondan inmediatamente desde una especie de call center a las llamadas de ayuda de sus coches autónomos.

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