El pasado sábado se me ha muerto como del rayo José Cervera, amigo, maestro, compañero del alma en esta columna de tecnología de 20minutos y en otras muchas aventuras de los últimos 23 años. Conocí a José Cervera, a Pepe, en el máster de Periodismo UAM/El País de 1995, un posgrado en el que el trabajo fin de curso no se podía plagiar, ya que exigía crear en equipo una revista o periódico desde cero.

La diosa Fortuna quiso que la estrella de Pepe cayera en nuestro grupo: un paleontólogo curtido en Atapuerca con una clarividencia prodigiosa y pasión por el periodismo científico y de divulgación tecnológica. Un verdadero monstruo con mirada de niño, ansia infinita de saber y generosidad también ilimitada a la hora de compartirlo.

Como flautista de Hamelin, nos congregaba en el bar a la salida de clase –oportunamente llamado La Filosofía– para discutir de política, historia, tecnología... Para guiarnos por internet, donde dábamos los primeros pasos en los 90, y por los caminos de la sabiduría. De todo sabía Pepe, de todo mil veces más que cualquiera (le apodamos el Libro gordo de Pepe), y de todo desentrañaba los misterios sin despeinarse. Qué delicia. Más adelante tuve el privilegio de acompañarle en lo que se convertiría en el primer relato de internet en la prensa española desde Cinco Días. Y de volver a coincidir en otros medios y muchas más noches de Hamelin (ya trasladado a La Fontanilla, un bar irlandés junto a su casa) donde Pepe seguía enamorándonos e iluminándonos con su estrella cegadora, su bondad y elegancia. La misma que le ha acompañado hasta la muerte, tranquila, pidiendo casi disculpas por su enfermedad a su amada y extraordinaria compañera de viaje, Pilar Cubas.

Su luz, tan brillante como fugaz, seguirá alumbrándonos. Porque tenemos que hablar de muchas cosas.

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