La supuesta menor toxicidad de los e-cigs no los convierte en productos 'saludables' o 'milagro' para dejar de fumar. Los defensores de los e-cigs se han basado en el concepto de reducción de daño, pero la visión individual de este concepto no coincide con la visión poblacional.

Varios investigadores han señalado que las noticias de que estos cigarrillos reducen el riesgo pueden tener el efecto adverso de impedir el cese definitivo del consumo de tabaco o animar a los más jóvenes y a los exfumadores a probarlos, al verse atraídos por los sabores y la falsa imagen de seguridad. Los menores que prueban los e-cigs tienen siete veces más riesgo de comenzar a fumar cigarrillos. La nicotina inhalada no es inocua, puesto que supone el inicio o mantenimiento de una adicción severa. La nicotina tiene efectos cardiovasculares nocivos como la taquicardia y la aterosclerosis. Todo ello aumenta el riesgo de infarto cardiaco y cerebral y arritmias. La nicotina también aumenta, marginalmente, el riesgo de cáncer.

Los e-cigs causan obstrucción bronquial, al menos a corto plazo. Contienen propelentes como el propilenglicol, una causa conocida de irritación ocular y respiratoria, e incrementan el riesgo de asma infantil. El vapor del e-cig contiene trazas de diversas sustancias tóxicas no declaradas. Algunas marcas liberaban N-nitrosaminas (cancerígeno). También se han detectado trazas de metales pesados como plomo, cromo, níquel, cobre, silicatos y estaño, similares a las encontradas en humo de los cigarrillos .

Muchos consumidores de e-cigs refieren efectos secundarios, como irritación orofaríngea, mareos, cefalea y náuseas. La eficacia de los e-cigs para dejar de fumar no ha sido demostrada científicamente.

El último informe de la OMS recuerda que no hay evidencia científica consistente para apoyar el uso terapéutico de estos productos. Por otro lado, es evidente que el e-cig retiene al fumador en la dependencia gestual del cigarrillo. En cuanto a los efectos de salud en los no consumidores de e-cigs expuestos a sus vapores, disponemos ya de estudios solventes que muestran que en un ambiente cerrado donde se consumen e-cigs la contaminación del aire es entre cinco y diez veces mayor que lo permitido, por lo que no deben usarse en lugares públicos. Quien quiera usarlos en su ámbito privado es muy libre, pero no busquen la 'bendición' de los médicos.

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