Relatos desde mi toalla. El bicho verde

TELMA ÁLVAREZ
Parque infantil del paseo marítimo en Rincón de la Victoria.
Parque infantil del paseo marítimo en Rincón de la Victoria.
EUROPA PRESS/AYUNTAMIENTO RINCÓN DE LA VICTORIA

- ¿Mama, yo salgo en tu blog?

- ¡Claro!

- ¿Y cuentas historias mías?

- Sí

- ¿Y has contado aquella del bicho en la playa?

- No, vida, esa no...

- Pues yo creo que deberías contarla

- Lo haré

Mi hijo y yo vivíamos al lado de la playa. A dos calles. Todo un lujo, ¿eh? Y cada tarde bajábamos un ratito a jugar en un parque infantil que hay en la misma arena. Estoy hablando de cuando mi hijo tenía un par de añitos, no más. Y para él, jugar era simplemente estar ahí, retozar en la arena y darle en la cabeza con la pala a otro niño de vez en cuando.

Una de esas tardes, estando yo sentada mientras mi hijo correteaba, veo a un grupito de niños, de 6 o 7 años, emocionados perdidos, detrás de un bicho. Esta escena puede no parecer rara, al menos no especialmente, puesto que a los niños siempre les han encantado los bichos. Pero es que yo no hablo de un bicho cualquiera. ¡Qué va! Hablo de la madre de todos los bichos. El bicho más asqueroso y gordo del planeta tierra. Tengo incluso dudas de que no fuera extraterrestre. Yo creo que una libélula ve a ese bicho en su plato y se levanta de la mesa.

Era una especie de cosa voladora verde y gorda. Tan gorda que al volar no levantaba un palmo del suelo, de lo que le pesaba el culo al maldito bicho. Y hacía un ruido en plan abejorro asqueroso... A estas alturas, si conocéis mi fobia a los bichos, podéis imaginar en qué situación me encontraba. ¡¡Estaba total y absolutamente acojonada!! Con sudores fríos y todo, os lo juro.

Tal era mi pánico que ya ni estaba pendiente de mi hijo. No podía dejar de vigilar al bicho verde. Este, perseguido por el grupito de niños (aunque yo no sé si el bicho era consciente de eso) iba dando saltitos por la arena. Zzzzzzzzzz... Zzzzzzzzzzzzz... Zzzzzzzzzzzzz... Zzzzzzzzzzzzz...

En una de estas, el bicho posado en la arena y sus adeptos haciendo un círculo a su alrededor, espectantes... Yo, con el corazón a mil por hora... Y el bicho no se movía. Nadie se movía. Hasta que mi hijo, no sé lo que le pasaría por la cabeza, sólo dios lo sabe, en el caso de existir (y en ese caso, me debe una explicación), se lanzó en plancha, boca abajo, justo encima del bicho.

Mira... ¡¡Casi me muero!! Me levanté de un bote y yo creo que agarré a mi hijo y lo puse de pie antes de que tocara el suelo! Y bueno, el suelo no sé si lo tocó, pero el bicho estaba posado en su pecho, cual broche verde.

Describo la escena. Mi hijo de pie, con el bicho verde en el pecho y con carita de: "¿A esto cómo se juega?, que no me he enterado". Los adeptos, alrededor de él con cara de asombro por su valentía. Y yo: "¡¡QUÉ ALGUIEN SE LO QUITE!!, ¡¡POR DIOS!!, ¡¡QUÉ ALGUIEN SE LO QUITE!!".

Al final, una señora que no sé de dónde salió, yo creo que era un ángel, se acercó tranquilamente, le dio un manotazo al bicho y me dijo: "Yo creo que no es para tanto, ¿no?". Me acerqué a mi hijo y le abracé como si acabaran de rescatarle de entre las llamas. Llorando los dos, de alivio, de vergüenza, por empatía... Cada uno por lo suyo.

Le di las gracias a la señora, muy digna yo, y nos fuimos a casa. Jamás volví a ver al bicho verde. Yo creo que entendió que no era bien recibido y se volvió a su planeta. O murió del susto, que también puede ser.

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