Destaco tres gestos que, aunque no dejan de repetirse, han sido y siguen siendo muy relevantes en el papa Francisco: su nombre, su cercanía al pueblo y su programa concreto.

Su nombre: Francisco. La providencia ha querido que, al inicio del tercer milenio, surgiese otro Francisco, como sucedió en el segundo con Francisco de Asís, para reformar la Iglesia y la misma sociedad, en su dimensión ético-espiritual, con un corazón de 'párroco misericordioso del mundo'; porque el papa Francisco "ha visto una Iglesia y un mundo como un hospital de guerra, llena de heridos".

Su cercanía al pueblo, especialmente a los más pobres. Desde su primera salida al balcón vaticano, pidió que el pueblo de Roma rezase por su obispo. Él se sabe, ante todo y sobre todo, pastor, que unas veces debe caminar "delante de su grey, la mayor parte en medio y, algunas veces, detrás", curando y llevando sobre sus hombros a los que no pueden casi avanzar: pobres, sobrantes y excluidos del sistema; todo ello con gestos y palabras.

Su programa: vuelta al Evangelio, sin glosa, como se desprende de su Carta La alegría del Evangelio (EG). ¿Por qué al papa le entienden creyentes y no creyentes?... Porque habla de lo esencial: de Jesús y de su buena noticia, como sucedió con el ‘papa bueno’ Juan XXIII.

Detrás de estas tres actitudes señaladas hay toda una llamada: a la triple conversión personal, pastoral e institucional. Y un aviso para navegantes: "Cuando vengan a Roma no griten 'Francisco, Francisco', sino 'Jesucristo, Jesucristo', por que no deseo papistas, sino cristianos. El papa es consciente de haber iniciado procesos 'irreversibles' que él mismo no podrá finalizar…

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