Diez minutos, uno menos. El jarro de agua fría cayó a plomo sobre cualquier atlético, en especial sobre un Diego Pablo Simeone que perdió los nervios y dejó huérfanos a sus futbolistas de un aliento que, con él en la banda, suele significar una carrera extra, una ayuda de más, una bala en la recámara. El Arsenal ya había empezado a gran nivel con igualdad numérica, con dos remates de Lacazette que avisaban de la intensidad que el cuadro gunner, que se juega estar en la próxima edición de la Liga de Campeones, había puesto en el partido, pero lógicamente el once contra diez acrecentó esa situación.

No sabemos lo que hubiera pasado después, pero la inferioridad numérica activó un chip en el equipo rojiblanco que resume la obra del Cholo a orillas del Manzanares. ¡Qué manera de sentir! Diego Godín, normalmente Obelix contra los romanos cuando se trata de defender el área, pidió su chute de poción mágica después de la expulsión de Vrasljko. El uruguayo se hizo gigante para bloquear remates y dirigir a sus compañeros, y el altísimo porcentaje de posesión del cuadro gunner no se transformó en una gran cantidad de disparos francos, lo que, por contexto, debía de haber ocurrido.

El uruguayo contagió al resto, que comenzó a hacer ayudas con una facilidad pasmosa para desesperación del Arsenal. Es increíble, pero dio la sensación de que lo que fue una faena se transformó en gasolina. El encuentro derivó hacia un contexto que obligaba a un esfuerzo mental extra a un Atlético de Madrid que, a día de hoy es, de forma indiscutible, un gigante del fútbol europeo. En esos 80 minutos con diez se reflejó cada segundo del último lustro rojiblanco en la Champions League. Su experiencia, su capacidad de sufrimiento y su experiencia en la máxima exigencia son pilares para explicar la resistencia.

Claro está que este juego es de los futbolistas, y el empate no puede explicarse sólo en el pundonor. De hecho y a pesar de la inferioridad numérica, el Atlético no consiguió pausar los ataques del Arsenal en la segunda mitad, y eso es algo que, futbolísticamente, hay que poner en el debe del equipo rojiblanco. Sin embargo Simeone tiene algunos cracks de primerísima fila en su plantilla. Jan Oblak es, probablemente, su jugador más determinante, y no es poca cosa en una equipo con Griezmann o Diego Costa. Sus paradas y dominio del área durante el partido quedaron incluso apagados después de una mano prodigiosa en el último instante a cabezazo de Ramsey. Corazón, saber cómo defender el área con precisión milimétrica y por supuesto, Jan Oblak, explican el resultado de un partido para la historia reciente del Atlético de Madrid.