Una buena parte de la culta afición del tenis de la Caja Mágica de Madrid demostró su mala educación y su incultura cuando abuchearon a Emilio Butragueño por regalarle una camiseta del Real Madrid a Manolo Santana en su 80 cumpleaños. Al final van a tener razón aquellos que dicen lo del antimadridismo constante y creciente. En todas partes cuecen habas, incluso en los educadísimos seguidores del tenis.

En la pista central donde se juega el torneo Mutua Madrid Open de tenis, después de que Rafael Nadal eliminara al argentino Diego Schwartzman, la organización quiso homenajear a Manolo Santana, que cumplía 80 años, y fue entonces cuando los maleducados demostraron su incultura al percatarse de la presencia de Butragueño en la pista. Yo mismo tuve que acallar los pitos de algunos vecinos de grada, explicándoles el motivo de la presencia del Real Madrid.

Mientras el madridismo celebraba la sexta Copa de Europa ganada frente al Partizan en Bruselas el 11 de mayo de 1966, otro representante del Real Madrid, Manolo Santana, se preparaba para intentar ganar en la hierba de Wimbledon. En la España de aquellos años, Santana era casi un desconocido mientras que en Suiza, los emigrantes y sus hijos, como yo, le admirábamos porque estaban orgullosos de él, aunque casi no supieran el deporte que practicaba, pero era español y con eso bastaba.

Aquel verano del 66, el Real Madrid lució otra Copa de Europa y un trofeo de Wimbledon. El 1 de julio de 1966, Santana le ganó la final al estadounidense Dennis Ralston y vistió un polo de Fred Perry blanquísimo y con el escudo del Real Madrid, que previamente le había cosido una costurera en su hotel. Yo lo ví en blanco y negro a través de la televisión suiza, en el centro español rodeado de emocionados emigrantes. Por eso, y sólo por eso, en la pista central de la Caja Mágica estuvo el Real Madrid felicitando a su ex jugador, Manolo Santana. 

Lo triste de los silbidos a Butragueño, al Real Madrid y por ende a Manolo Santana, es que hemos entrado en una espiral de 'antis' que preocupa. No sólo por sus manías peligrosas, sino también por su incultura. Me dijo uno de mis vecinos de grada: "Perdona, yo no lo sabía y ahora entiendo el regalo del Real Madrid. Si lo hubiese sabido no le hubiera silbado, es que yo no había nacido...". Entonces le miré y le contesté: "Yo tampoco había nacido cuando se descubrió América y sé que fue Cristobal Colón".