Amigos cinéfilos y cineastas, aunque siempre habrá algún motivo de queja –sobre todo durante el sopor de la ceremonia– y aún falta por comprobar quién se lleva los cabezones, las nominaciones a los Goya de este año me han dado unas cuantas alegrías. No tanto por la forma como por el fondo, la votación de los miembros de la Academia se traduce en una lección de variedad, humildad, mente abierta y una mano tendida a las mujeres –que tanta falta le hace al cine español–.

La primera alegría ha sido comprobar que, con la que está cayendo –en la política, digo–, la cultura se aferra al pluralismo y no entiende de fronteras ni de idiomas. Tan español es el cine de Handia, la más nominada de este año –qué sorpresa: ¡13 categorías!–, o el de Verano 1993 y La librería, como el de Verónica y El autor. En el metraje de la primera, de los creadores de Loreak, se habla mucho en euskera (aunque también en castellano, inglés, francés...); por su parte, el estío de Carla Simón se rodó en catalán, e Isabel Coixet eligió otra vez el inglés como idioma original de su película. La envidiable riqueza lingüística de España es una seña de identidad de esta edición. Hay esperanza.

Mi segunda alegría tiene dos vertientes. Por un lado, el relevo generacional que se confirma en la lista, donde debutantes como (de nuevo) Carla Simón, Sergio G. Sánchez o los Javis (¡bravo!) se codean con Coixet, MartínCuenca o Paco Plaza. Por otro, motiva comprobar que el tamaño no importa si la película es buena, pues producciones más modestas –no tanto por presupuesto como por su distribución o repercusión en taquilla– como las citadas Handia y Verano 1993 o La llamada pueden competir en las categorías reinas con autores consolidados y mayores presupuestos. En realidad, son las dos caras de la moneda: el que empieza no tiene dinero y el que tiene dinero (o éxito, influencia) no suele ser el que empieza.

El cine necesita sus historias, más papeles femeninos fuertes y, en general, más mujeres poderosas

La tercera alegría es un poco más pequeña que las anteriores, asoma tímida. Hay más mujeres candidatas, pero saben a poco. A los Reyes Magos voy a pedirles que ganen. Pero que no se lleven los premios de siempre (vestuario, maquillaje...). Deseo las máximas estatuillas para La librería de Isabel Coixet y a Carla Simón por su Verano 1993; suerte a Arantxa Aguirre (Dancing Beethoven), Lucrecia Martel (Zama) y Maren Ade (ToniErdmann) y a los cortos de Laura Ferrés y Mabel Lozano. No son mejores por su género, ni mucho menos, pero el cine necesita sus historias, más papeles femeninos fuertes y, en general, más mujeres poderosas.

¡Larga vida al cine! Con ganas de ver más, Pilar Sanz