Una casa impresa y el fin de la construcción

PEPE CERVERA. EXPERTO EN TECNOLOGÍA
Pepe Cervera, columnista de 20minutos.
Pepe Cervera, columnista de 20minutos.
20MINUTOS.ES

Cuesta 9.112 euros, se construye en 24 horas, tiene planta de estrella redondeada y 38 metros cuadrados de superficie con distribución abierta al estilo loft, así como grandes ventanales al exterior, y sus muros dobles contienen aislamiento de fibra de vidrio y espuma de poliuretano. El techo es plano y capaz de soportar metros de nieve y toda ella está diseñada para resistir muy bajas (o muy altas) temperaturas; al fin y al cabo el diseño es ruso. Los accesorios, como puertas o ventanas, son estándar. Y lo más llamativo es que la mayor parte del trabajo de construcción no lo hicieron albañiles o encofradores, sino un robot manejado por dos personas: una gran impresora 3D de cemento desarrollada por la empresa rusa Apis Cor. Aunque el sistema usa coordenadas polares, este diseño redondeado no es el único posible: también puede construir casas rectangulares más convencionales.

La impresora pesa dos toneladas, la columna central se extiende desde 1,5 a 3,1 metros de altura; el brazo extensible alcanza desde 4 a 8,5 metros, y la superficie máxima de trabajo es de 132 metros cuadrados. La máquina es capaz de 'imprimir' hasta 100 metros cuadrados por día a partir de una mezcla especial de cemento creada de modo automático en una mezcladora transportable; la mezcla se acarrea hasta la impresora mediante un silo móvil. Todos los componentes pueden transportarse en camiones medianos y se instalan in situ en una hora; en caso de inclemencias climáticas (la demostración se hizo en las afueras de Moscú en diciembre) la zona de trabajo puede cubrirse con una gran tienda de campaña hasta que el cemento está convenientemente fraguado. Y el acabado de las paredes es tal que no hace falta más que una mano de pintura para terminar la obra con unas pocas horas de trabajo humano.

Y ahí está la clave del invento: la eliminación de una enorme cantidad de trabajo es lo que permite recortar drásticamente los precios de la construcción, y eso va a tener consecuencias. No solo en situaciones de emergencia, como la atención a refugiados y desplazados y la cobertura de la escasez de viviendas baratas en las periferias de las macrociudades, sino en la industria entera de la construcción. Porque este tipo de métodos se van a incorporar a la normalidad. Lo cual es fantástico para los compradores de vivienda, pero no tan bueno para los constructores: en muchos sitios (como en España) una de las más importantes industrias. El precio calculado incluye todas las instalaciones eléctricas, sanitarias y de agua, así como la cimentación y el techo.

Sí, es cierto que los cimientos hay que instalarlos, como los techos, las ventanas y las puertas, los cableados y tuberías y el resto de las instalaciones; y que es necesario hacer los acabados. Pero la robótica aplicada supondrá una drástica reducción en el número de empleos en el sector, con consecuencias en todo el sistema económico. Y no solo eso: también los diseños podrán ser diferentes, ya que el cambio del sistema de construcción implica nuevas oportunidades para hacer las casas más resistentes y ecológicas con el empleo de nuevas estructuras y materiales, como el 'geopolímero' en el que la empresa rusa Apis Cor trabaja. El nuevo producto, reemplazo del cemento, será más barato y ofrecerá mayor aislamiento térmico y acústico, reduciendo el consumo energético de la vivienda terminada.

Dentro de unos años es posible que en los lugares de construcción en lugar de grúas y decenas de obreros veamos robots impresores y mezcladoras de cemento automatizadas. Y quizá en lugar de tener que empeñarnos durante décadas para adquirir una vivienda, podamos comprarla por un precio menor que un automóvil actual. Eso sí que va a ser un cambio socioeconómico brutal.

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