PEPA BUENO. PERIODISTA

Orgullo español

Pepa Bueno.
Pepa Bueno.
JORGE PARÍS

Hace un mes, se casó mi amigo Juan Carlos. Amigo de la infancia, colega de la adolescencia, compañero de la juventud, siempre ahí a lo largo de toda mi vida. Aunque su trabajo lo lleve por medio mundo y  mis horarios compliquen los encuentros. Juan Carlos se casó con Silvio, italiano instalado en España por amor. Y en la Junta de Distrito de Chamartín en Madrid estuvimos todos. La familia venida desde Badajoz,  Málaga y Sicilia, los amigos y los compañeros de trabajo. Fue una boda tierna y sobria y durante dos días disfrutamos en la sierra madrileña de la alegría de estar juntos, bailar, charlar, reír y apostar por la vida a una altura en la que sabemos bien cuánto valen los instantes felices.

Nadie hizo discursos sobre el derecho de Juan Carlos y Silvio a casarse, nadie se sintió en la obligación de celebrar que vivimos en uno de los 22 países del mundo donde eso es posible. Ni se nos pasó por la cabeza. Y sin embargo hace solo 13 años que se aprobó en España el matrimonio entre personas del mismo sexo. Ya se nos ha olvidado, pero la ley salió adelante en medio  de una enorme escandalera de quienes se oponían a esta ampliación de derechos y tras haber visto hasta manifestaciones de obispos en la calle.

La ley se aprobó y nunca más fue noticia. Ni acabó con la familia, ni destruyó el país, ni pervirtió a los niños. Simplemente mejoró la vida de millones de personas sin más ruido que el de las propias celebraciones. Este país que batalla todavía con su Memoria Histórica, que resucita la intolerancia política en cuanto una discusión sube un poco de tono, que parece dispuesto a ser protagonista de un cuadro negro de Goya en cualquier momento, este es también el país en el que conviven con naturalidad múltiples modelos de familia sin más complicaciones que las que la vida nos reserva a cada uno.

En el Congreso Mundial de Derechos Humanos que se celebra en Madrid en paralelo al Orgullo coincidí esta semana con José Luis Rodríguez Zapatero. Y allí confesó que esa ley fue la acción de su gobierno que más satisfacciones le ha dado. Que aún hoy lo abordan hombres y mujeres para contarle lo mucho que ha significado para ellos. "¡Cuánto se puede cambiar con tan poco!", reflexionaba el ex presidente, que atribuyó el mérito a quienes sufrieron cárcel, humillación, opresión y silencio por amar a una persona y no a otra.

Ya, ya sé que hay preocupantes episodios de violencia homófoba, que asomarse a según qué esquinas de las redes sociales da vértigo estos días, que las cosas no son tan fáciles fuera de los barrios más gayfriendly  de las ciudades, que transexuales, lesbianas y gays soportan todavía muchas discriminaciones minúsculas y mayúsculas aquí en España. Pero estos días cuando salgo de la Cadena SER y paseo por la Gran Vía de Madrid lo que siento es Orgullo.

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