La naturalidad de dudar compromete nuestras acciones hasta el punto de que pequeñas cosas sin importancia acaban cobrando un peso en muchas ocasiones innecesario. Si yo me como la cabeza para decidir qué película ver en el cine cuando tengo una tarde libre, no quiero ni imaginarme qué supuso para Pep Guardiola dejar de entrenar a Leo Messi, sin que nadie se lo pidiera.

Él arriesgó su aura. Cruyff, que es cierto que cuando dejó el Barcelona en 1996 era dos años más mayor de lo que es Guardiola ahora mismo, dejó su nombre escrito a orillas del Camp Nou con letras de oro. Nadie ha dudado de su obra porque ningún reto hubo después del Dream Team. Así que hay que valorar en su justa medida que Guardiola arriesgase su leyenda a cambio de intentar probar sus convicciones en culturas tan distintas.

La Bundesliga, más allá de que el Bayern tuviera de largo el mejor equipo de Alemania, resultó un reto importante. Guardiola cambió la liga donde más se valora la capacidad técnica y el control a través de la pelota por una donde las transiciones frenéticas son predominantes. Allí fue capaz de adaptar sus ideas y acabar ganando tres títulos consecutivos, logrando el reconocimiento de una afición tan exigente como es la del equipo bávaro.

En Inglaterra el reto era mayor, por la competencia en la disputa por el título y porque la cultura futbolística -muy física y basada en el juego directo- era la más alejada de su "zona de confort". Después de un primer año difícil, ha dominado con solvencia una Premier League con hasta seis candidatos, y lo ha hecho, a pesar de haber tenido que ajustar su plan de juego al campeonato inglés después de una decepcionante temporada de debut.

Seguro que él es el primer abatido después de haber visto como en el último lustro, un año tras otro, la música de la Champions se apagaba sin escuchar "Queen" como telón de fondo. Pero yo admiro la valentía de sus decisiones. A la hora de afrontar nuevos retos, y a la hora de pensar y ejecutar el juego. Podrá ganar o perder, pero es justo valorar que esas decisiones deportivas, dentro y fuera del terreno de juego, hacen más divertido y rico este juego.