Queridos editores del libro Fariña: Ayer os convertisteis en el número 1 de ventas en Amazon con el libro de Nacho Carretero, Fariña, que publicasteis en 2015. Lo que supone, aunque sea de un modo que igual no os resulta halagador, que vuestro nombre está a la altura en popularidad de los más potentes sellos editoriales y al fin también ha dejado de ser para unos cuantos algo más que la palabra con la que se señala la 'muerte' en el ring.

No digo que la jueza que ha pedido el secuestro cautelar del libro, en el que el periodista profundiza en el narcotráfico gallego y habla de los supuestos vínculos con el exalcalde de O Grove, tenga o no razón. De hecho, ha puesto en marcha el art. 816 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal.

Lo que de esto importa, a nivel cultural, es que se ha despertado el ansia lectora de mucha gente. Sí, provocada por la censura. Una vez más el cartel de "Prohibido pasar" es la mejor invitación al paso.

Acaso deberían ponerlo en marcha los profesores de Literatura desesperados –con razón– porque no tienen manera de fomentar el hábito lector. A lo mejor si prohibiesen determinadas novelas, se encontrarían con el mismo resultado que el de ayer con Fariña. Hacía mucho tiempo que no se prohibía un libro y en general a uno le produce cierto temor que esto suceda, pero habrá que dejar que sepamos o al menos podamos acceder a algo de lo que ha ocurrido antes de asustarnos mucho más. El asunto es que prohibir en cultura siempre ha sido muy efectivo.

Es por eso que nunca Fariña corrió mejor suerte que la que está corriendo estos días –hay serie de televisión en marcha y no está prohibida de momento–, en los que no se puede comprar el libro en librería alguna pero sí se puede pedir por internet. Y se ha agotado.

Si es triste o no que haya que censurar un libro para que la gente desee leerlo, es ya otro debate, lo que hoy destaca es que se lee. Bien o mal, se lee. Y la editorial ha visto cómo su nombre llenaba ayer todas las portadas de medios digitales y hoy seguramente tendrá su espacio en los impresos. Es por eso esta enhorabuena a sus editores, ya que tras años de trabajo, y no tan a la luz como debería, han subido todos los escalones que les parecerían ya, seguramente, casi imposibles de escalar.

Y por otro lado: ¿qué pensará el exalcalde José Alfredo Bea Gondar, que acude a la justicia para que nadie pueda leer lo que Carretero cuenta de él, al ver como el tema del día es él y su peor historia? Probablemente nunca habría vuelto a recordar su nombre nadie. Solo estuvo unos días de alcalde porque estaba en prisión.