• Resulta agotador el presente político, atestado de falsedades y debates estériles y muy lejos de las preocupaciones de los españoles, que tienen en el paro su mayor fuente de inquietud y sitúan como cuarto problema a los políticos.

Los ciudadanos quizá esperamos más de la cuenta de nuestros gobernantes y por eso las intervenciones de algunos nos dejan pasmados. Entre las últimas, la de un concejal de Zaragoza en Común diciendo que su grupo gobierna para sus 80.000 votantes. Con ese pensamiento, debería admitir que los otros 620.000 habitantes de Zaragoza, que por número sostienen en mucha mayor proporción la administración local, tendrían derecho a exigir que el equipo de gobierno solo gestione el porcentaje de recursos idéntico al tanto por ciento de sus votantes. O sea, el 11,4% del presupuesto… Afortunadamente, la mayoría de los zaragozanos acepta los fundamentos de la democracia representativa y la potestad de quien gobierna de gestionar el conjunto: solo espera el mismo respeto. Y mirada larga. Desde lo cercano, como la gestión municipal, a lo general.

En lo inmediato, cuando apenas quedan unos meses para acabar el mandato, desea que la pregonada inclusión sea real e incluya a todos: también a los que no votan a ZEC. Respecto a lo general, resulta agotador el presente político, atestado de falsedades y debates estériles y muy lejos de las preocupaciones reales de los españoles, que tienen en el paro su mayor fuente de inquietud y sitúan como cuarto problema, precisamente, a «los políticos en general, los partidos políticos y la política».

En ese contexto, varias voces llaman la atención sobre la dimensión de nuestras dificultades, que son las de todo Occidente, y ante las que nos comportamos como los malos estudiantes: si el tema es difícil, me lo salto y me voy a cosas más sencillas o efectistas. Lo decía Mayte Pagazaurtundúa cuando recogía el Premio Henneo. Eurodiputada curtida en la defensa de las víctimas del terrorismo y a favor de la convivencia, evocando el espíritu Zweig, decía que «vivimos tiempos extraordinariamente peligrosos en España y la UE (…) pero no es fácil percibir los riesgos históricos antes de las catástrofes». Y alertaba de que con «una política convertida en espectáculo de vísceras» se carcome el principio de autoridad de las instituciones, que saltan por los aires o acaban en manos antidemocráticas. «Entonces, solo unos pocos privilegiados pueden escapar de los efectos devastadores que, antes o después, afectan a las inversiones, al empleo, a la seguridad, a la libertad o incluso a la supervivencia de los seres queridos».

En su discurso sobre el Estado de la Comunidad, Javier Lambán enmarcaba Aragón en el contexto de los desafíos del mundo: demografía, desigualdad, robotización, cambio climático… incertidumbres que se suman en España a la ruptura del contrato social de la Constitución, cuando nos ha proporcionado los mejores 40 años de nuestra historia. El presidente de Aragón se reivindicaba en la necesidad de recomponer ese contrato social y, ante el secesionismo, en su apuesta por la multilateralidad, aunque contradiga la bienintencionada estrategia del PSOE nacional.

Y en estas llegó Manuel Valls. Si su importancia la determina el volumen de adversarios, aunque republicano confeso, es ya un grande de España. Todos contra él: hasta ‘se cayó’ el atril de la rueda de prensa en su presentación como alcaldable… Pero, como oímos en Zaragoza en la presentación del libro coral ‘Anatomía del procés’, acierta cuando sostiene con profusión de claves que los problemas de Barcelona, de Cataluña y de España son los de Europa.

Y no se limita a dar conferencias, sino que se complica la vida y lanza una propuesta constitucional y de amplia base, con un lema, ‘Barcelona, capital europea’, que intenta superar el viciado marco mental en el que nos movemos. Esto es, con vocación por lo cercano, los problemas de los barrios, y por lo mayor, ser y estar entre las grandes capitales del mundo, siempre desde el internacionalismo y con los grandes activos de Europa: paz, progreso y libertad. Incluso anunció que sin insultos. Habrá que ver en qué queda pero, de momento, Barcelona ya gana con los demás partidos esforzándose en poner mejores candidatos.

Diluir la cuarta preocupación de los españoles no es fácil. Algo ayudaría tener más gobiernos para todos, desde la consciencia de que no estamos solos en el planeta.