Estimado presidente del Gobierno: Las organizaciones que nos ocupamos de los temas de medio ambiente y salud pública, no salimos de nuestro asombro ante la falta de liderazgo del Gobierno que usted preside en un tema tan importante como la contaminación del aire.

Permítanos solo un dato para corroborar lo que estamos diciendo: más de 24.000 personas fallecen de forma prematura cada año en España por la mala calidad del aire. Como referencia, en 2017 fallecieron en nuestro país 1.200 personas en accidentes de tráfico interurbanos, veinte veces menos.

Una cifra tan contundente debería interpelar a cualquier administración sensible con los problemas de salud pública, pero no parece ser el caso. De hecho, tenemos varios procedimientos de infracción abiertos por la Comisión Europea que lleva años esperando planes decididos para solucionarlos.

Pero el último plan del Gobierno, el Plan Aire II aprobado a finales de 2017, es un documento que adolece de actuaciones concretas, específicas, medibles, realistas, sujetas a plazos y con objetivos y presupuestos detallados. No es más que un documento para cubrir el expediente, pero sin voluntad real de solucionar el problema de la mala calidad del aire.

Se sabe que el principal contaminador de nuestras zonas metropolitanas es el tráfico. Pues bien, Fomento tiene aparcados los proyectos para carriles bus desde hace décadas, mientras que se siguen planeando nuevas autovías que atraen más tráfico hacia las ciudades. También los servicios de Cercanías, una de las mejores alternativas de transporte público para grandes urbes, tienen palmarias deficiencias de mantenimiento y gestión por falta de presupuesto.

Su gobierno, como ha señalado la propia Comisión Europea, tampoco ha tomado ninguna medida contra los fabricantes de automóviles que durante años nos han estado engañando poniendo en el mercado vehículos que emiten hasta 15 veces más que los máximos legales para algunos contaminantes. De modo que se da la paradoja de que algunos de los vehículos más contaminantes para, por ejemplo, el dióxido de nitrógeno son modelos diésel vendidos en 2015 y 2016, cuando se destapó el escándalo del dieselgate, aunque cuentan con la correspondiente etiqueta de la DGT, que les da el marchamo de limpios.

Es cierto que buena parte de la gestión relativa a la calidad del aire está transferida a las CC AA y a algunos municipios grandes, pero el Gobierno no está ejerciendo el papel de liderazgo que se espera de una administración responsable. Al contrario, muchas veces parece que su principal acción es la de culpar a otras administraciones de las situaciones de alta contaminación en lugar de dar un giro a la propia inacción. El problema es de tal magnitud que exige una actuación decidida y coherente en todos los ámbitos de la administración y de la sociedad, con honestidad institucional y sin olvidar nunca que nos va mucha salud y mucho bienestar en ello.