La reprochable conducta de algunos trabajadores expatriados de Oxfam y una mala gestión de los mismos por parte de su dirección han servido de excusa para que la derecha salte sin matices contra todas las ONG para cuestionar su funcionamiento e incluso su existencia. Algunos parecían como si lo estuvieran deseando. Vaya por delante mi rechazo a este suceso, pero creo necesario alertar acerca del ataque que está produciéndose sobre todo un sector y que no es causal ni inocente.

Suelo decir que las organizaciones sociales, ONG, y en general todo el tercer sector, realizan un trabajo de trinchera que molesta mucho a los poderes económicos pues desvelan todas las negatividades de nuestro sistema económico, todo el inventario de desigualdades y miserias que algunos quisieran ocultar. Echar un vistazo a declaraciones de altos cargos de PP y Ciudadanos sirve para darnos cuenta de cómo han aprovechado este suceso para cuestionar toda la labor que las ONG llevan a cabo, tratando de hacer un todo de una parte, como si una mala praxis determinada invalidara todo el aporte que a la sociedad hacen estas organizaciones.

Los informes elaborados por muchas de estas ONG, incluido el de Oxfam, que visibilizan la pobreza existente, el injusto reparto de la riqueza y la intolerable desigualad que vivimos siguen siendo igualmente válidos, inequívocamente ciertos. Hay días en el año en los que tomamos más conciencia de ello y son muchos los trabajos y columnas que toman los datos aportados por estos informes para explicar y hacer ver que no vamos bien, que no hay justicia social en un país con pobreza infantil, con emigración por motivos económicos, con incumplimiento en ocasiones de derechos humanos, con cientos de miles de familias con multitud de necesidades básicas sin cubrir.

Es también necesario resaltar su trabajo en el terreno, a través de la educación para el desarrollo, de la acción social, de la cooperación internacional que sirve a miles de personas en todo el mundo para escapar de su sótano vital, tener alguna oportunidad de dignidad en sus vidas, y sensibilizar a toda la sociedad sobre los males del mundo actual.

Hay personas con rostro, nombre y apellidos que han podido desarrollar sus vidas gracias a los proyectos de estas organizaciones, que no olvidemos, pueden realizarlos gracias tanto a las ayudas públicas como a las donaciones de personas y empresas y a sus socios; y que hay ideas que cambian paulatinamente a través de campañas de concienciación protagonizadas por ellas, prejuicios que van terminando gracia a ellas. La crisis se ha cebado con todas estas entidades que han visto como el gobierno español ha reducido considerablemente las ayudas a las ONG, que no es más que reducir la inversión y la ayuda a quién más lo necesita en la parte más baja de nuestra pirámide social que es la población con la que trabajan y que necesitan hoy más que nunca nuestro apoyo y solidaridad.

De la misma manera cabe también exigir a todo este sector que refuerce los controles en el reclutamiento de su personal laboral y voluntario para evitar hechos similares y establecer mecanismos de respuesta que ayuden a expulsar estos comportamientos. Las ONG son un sector que cuenta con enorme respaldo social y la confianza que generan exige mucha ejemplaridad por su parte. Las grandes organizaciones suelen disponer de códigos de conducta, de auditorías externas, de mucha vigilancia en general, lo que no quita para que al final puedan introducirse en ellas personas con comportamientos inmorales y que tengan que afrontar momentos como el que vive ahora Oxfam, pero del que seguro saldrá adelante pues en su balanza pesa mucho más su bolsa positiva.

También creo que, ahora que celebramos el 8 de Marzo, el día de la reivindicación de las mujeres en año del #MeToo, podamos hacer un ejercicio de reflexión colectivo sobre el machismo interiorizado en nuestra sociedad, sobre las relaciones de poder entre géneros y que también afecta a las ONG y a las personas que forman parte del tercer sector. Nada ni nadie escapan a ello y la diferencia radica en cómo se trabaja para atajarlo, cómo se explica, se forma y se sanciona frente a las conductas machistas. Partimos de la idea de que quienes están vinculadas con este tipo de colectivos son personas con una conciencia y conducta intachable, pero tenemos que tener claro que son también hijos e hijas del patriarcado, y aunque en su inmensa mayoría están más concienciadas, tampoco escapan siempre y en todos los casos a conductas inapropiadas.

Tenemos que estar alerta, no dejarnos embaucar, hay quienes quieren imponer una visión única del mundo, que no hay pobreza ni desigualdad y las organizaciones sociales son un obstáculo para imponer esa idea. Exijamos a todo el tercer sector ejemplaridad y respuestas contundentes ante hechos reprochables, pero no olvidemos que nuestro mundo sería mucho peor sin el trabajo de las ONG. Hay quien quiere rebajar su influencia o incluso acabar con su existencia y eso no podemos permitirlo. Sigamos exigiendo al gobierno una mayor dotación presupuestaria para que puedan desarrollar su labor, sigamos asociándonos a la ONG que más nos guste, hay muchas donde elegir, sigamos aportando donaciones cuando los acontecimientos extraordinarios sucedan. Sigamos insistiendo en que otro mundo es posible, pero que sin ellas será más difícil alcanzarlo.