Estas últimas semanas los medios de comunicación han usado abundantemente la expresión "salir del armario" aplicada a ámbitos muy diferentes (desde el españolismo en Cataluña a la homosexualidad de Kevin Spacey). Todo esto ha coincidido, además, con el "Día de la salida del armario", así que quizá sea una buena oportunidad de hacer una excursión histórica sobre esta locución.


Remontémonos al 11 de octubre de 1987, cuando se celebró en Washington una gran manifestación reivindicativa de los derechos de los homosexuales. Eran tiempos difíciles: la epidemia del sida se extendía por todo el mundo (el otrora galán de cine Rock Hudson había muerto sólo dos años antes por culpa de aquella "incurable" y "extraña enfermedad", por usar los términos que empleó la prensa española en la necrológica del actor; y así era: el sida –que entonces se escribía aún con mayúsculas, SIDA, lo que daba aún más miedo– era un mal extraño, incurable y devastador); los sectores más puritanos de la sociedad lo consideraban un castigo divino (eran los tiempos providencialistas de Ronald Reagan) y el Tribunal Supremo de Estados Unidos acababa de ratificar la constitucionalidad de una ley del estado de Georgia que penaba las relaciones homosexuales (y que permaneció vigente hasta 2003).


Pese a estas circunstancias, la manifestación de Washington fue un éxito clamoroso y significó un revulsivo en la lucha por los derechos de los homosexuales. A partir del año siguiente, dos activistas (Robert Eichberg y Jean O'Leary) decidieron que el 11 de octubre fuera el "National Coming Out Day", que en español podríamos traducir como "Día nacional de la salida del armario" (en inglés, en este contexto, "armario" queda sobreentendido). Y, así, cada 11 de octubre muchas personas manifiestan públicamente su homosexualidad (hoy, sobre todo, en las redes sociales).


El idioma español ha calcado la frase del inglés. En este idioma evoca una expresión ("skeleton in the closet", "esqueleto en el armario") que se emplea cuando alguien tiene un secreto vergonzante que puede arruinar su reputación (como sería, por ejemplo, un cadáver escondido en casa). "Salir del armario" tiene también cierto aire de escena de vodevil (en el teatro o en la canción de Raffaella Carrà los adúlteros meten a sus amantes en el armario cuando temen ser descubiertos por sus cónyuges), aunque en la vida real el momento de reconocer la homosexualidad propia en un ambiente hostil suele tener poco de cómico.

En la vida real el momento de reconocer la homosexualidad suele tener poco de cómico

Los hispanohablantes americanos, por su parte, dicen "salir del clóset" o "salir del placar", lo que aporta un matiz más claustrofóbico al asunto, ya que ambas palabras significan "armario empotrado". Quien vive dentro del armario (empotrado o no) está realmente emparedado, habita un cubículo oscuro repleto de fingimientos, mentiras, indefensión y sufrimiento. En España, con una legislación y un ambiente social muy favorables, todavía hay muchas personas que ocultan su sexualidad por miedo al rechazo de sus familias, amistades o de su entorno laboral (y se equivocan terriblemente).


Se puede salir del armario por propia voluntad o porque una persona ajena revele sin consentimiento la homosexualidad de alguien. A esta última práctica (muy controvertida) se la llama "outing" en inglés. En español podríamos traducirlo por "sacar del armario" o "desenmascaramiento", puesto que el "outing" se utiliza como arma política para revelar la hipocresía de ciertas personalidades (sobre todo políticas y religiosas) que públicamente exigen unas reglas de comportamiento que luego no siguen en su vida privada.


En cualquier caso, "salir del armario" es una expresión muy gráfica que, en pocos años, ha arraigado plenamente en nuestro idioma, se ha enriquecido semánticamente (ya no se refiere sólo a la homosexualidad) y forma parte de nuestro vocabulario común, como si hubiera estado siempre entre nosotros.