El queridísimo, sabio y generoso poeta Tino Barriuso

ÓSCAR ESQUIVIAS. ESCRITOROPINIÓN
Óscar Esquivias.
Óscar Esquivias.
JORGE PARÍS

En el primer recuerdo que tengo de Tino Barriuso, años antes de que me lo presentaran y habláramos por primera vez, él está cantando. Había un café diminuto en Gamonal, en el bajo una de las casas viejas del pueblo, que se llamaba La Antigua, al que yo solía ir cuando tenía dieciséis o diecisiete años. En el local yo creo que no cabían más de una docena de clientes. Un día, por la  noche, llegó un hombre grande, simpático, acompañado de tres o cuatro amigos, con lo que el lugar se abarrotó. No sé de dónde salió una guitarra (que voló sobre nuestras cabezas) ni a qué manos llegó, que la comenzaron a tocar, pero pronto se oyó una voz maravillosa, llena de sentimiento, que entonó un bolero. "Es Tino Barriuso", me dijo un amigo.

Tino Barriuso ponía la misma pasión al recitar a Neruda que al cantar a Violeta Parra o al dar sus clases de Física en un instituto público. Conozco a muchas generaciones de burgaleses que dicen con orgullo: "A mí me dio clase Tino", algo que envidio siempre. Les hablaba en el aula a estos adolescentes de Newton y de los Beatles y de Octavio Paz. Él, que era un gran melancólico (un melancólico jovial y nada cenizo) transmitía un enorme entusiasmo por la vida, por la belleza, por el arte, la ciencia y la música. Su palabra era siempre arrebatada y elocuente, muy persuasiva. Muchas vocaciones por la ciencia y por la poesía se deben a su ejemplo (Carlos Briones, el poeta y astrobiólogo, fue uno de sus alumnos más queridos, del que Tino presumía siempre que tenía ocasión).

Fue muy generoso con todos los artistas que se acercaron a él, se dedicaran a la disciplina que fuera, pues de todo sabía Tino. Hablaba de ideas filosóficas, de procesos históricos o de política con la misma sabiduría que de literatura o música (sus grandes pasiones). Fue poeta, novelista, dramaturgo, promotor toda clase de actividades culturales y de revistas. La mejor forma de conocer su obra en verso es la antología que él mismo seleccionó para la editorial Tansonville, titulada Noticia de un antiguo paraíso. Allí el lector puede encontrar sus poemas sentimentales y reflexivos, escritos con su proverbial buen oído, con unos versos que fluyen siempre naturales y amistosos. Fue un poeta autobiográfico y confesional, un poeta del alma, de lo cotidiano, de los dolores íntimos. En realidad, yo creo que siempre pensaba que sus poemas se podían convertir en canciones. También se caracterizó por su compromiso político. Si hubiera querido, podría haber hecho una gran carrera, igual que podría haber sido un cantante profesional o una figura de las letras (o, incluso, de la televisión, pues participó en concursos que le dieron gran fama popular). Pero su naturaleza independiente y desinteresada le llevó siempre a apoyar las causas perdidas. También tuvo momentos de melancolía y silencio, en los que anduvo apartado de todo, silencioso.

Yo quiero imaginar que ha muerto cantando, con los ojos húmedos (se emocionaba con facilidad), con una sonrisa, feliz con su vida, sabedor de que su paso por este mundo será recordado con amor y agradecimiento por todos los que le conocimos y hoy le lloramos.

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