Absurdo teatrillo de Mercedes con las órdenes de equipo a Bottas

DAVID SÁNCHEZ DE CASTROOPINIÓN
David Sánchez de Castro.
David Sánchez de Castro.
Sportyou

La Fórmula 1 es un deporte individual que disputan los equipos. Esta definición no es mía, sino del recién desaparecido Paco Costas, y que creo que es la mejor posible al respecto. Y cuando don Paco hablaba, el resto escuchábamos y punto.

Por eso, entiendo bastante poco las caras largas, los discursos compungidos y las declaraciones tristes en Sochi. Toto Wolff le pidió perdón, Hamilton le pegó un abrazo como si hubiera perdido a su madre y hasta Vettel le consoló. Pero, al final, el que tuvo que tragarse el sapo fue Valtteri Bottas. Y lo tragó con gusto.

No hace falta ponerse tan dignos. Mercedes conquistó un nuevo doblete, tienen a tiro los dos Mundiales otro año más y en buena medida se lo deben a la labor, ingrata pero aceptada de manera clara, por Bottas. Ser el escudero es, posiblemente, uno de los trabajos más duros para un corredor que está en un equipo campeón, pero esto es la Fórmula 1 y siempre ha sido así: hay un piloto líder y un segundo.

Por muchos gestos inertes como el de dejarle subir al primer puesto del podio, Bottas tiene que ser consciente que hasta que Hamilton no tenga el quinto entorchado en su poder, va a tener que ejercer de ayudante de dirección y no de director.

Quizá si Ferrari tuviera a un Räikkönen en condiciones de ser ese escudero que necesita Vettel, este año el tono del Mundial sería más colorado. Y si para Bottas la vergüenza de ser escudero es algo que no soporta, ya sabe lo que tiene que hacer: seguro que hay decenas de otros pilotos que lo aceptarían con gusto.

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