Si usted visita el Centro Histórico de Alcalá de Henares, se enamorará de la única Ciudad Patrimonio de la Humanidad de la Comunidad de Madrid. Es una ciudad maravillosa, con mil rincones en los que perderte, como la Universidad o el Corral de Comedias, la Plaza de las Bernardas, la calle Mayor o la Plaza de Cervantes, que compite culturalmente desde hace décadas con grandes urbes de España, con el Mercado Cervantino, el Don Juan que cada año ven miles de personas al aire libre, su Festival de Clásicos, su cultura en la calle... Una ciudad que en los últimos años ha recuperado espacios en el Casco Histórico como el Parador de Turismo, la Biblioteca Central de la Plaza de San Diego o la residencia de estudiantes junto a la Cisneriana. Esta es la cara bonita.

En el reverso de la moneda, nos encontramos con otra ciudad. Hay otra Alcalá de Henares que nos hace agachar la cabeza, sobre todo para no pisar las cacas de perro. Somos la peor ciudad según la OCU en este aspecto y la tercera más sucia de España. No es la única estadística en la que salimos mal parados: somos uno de los municipios más inseguros de la región y suspendemos en los servicios municipales y transparencia. Esto nos da tiempo a pensarlo y repensarlo mientras buscamos aparcamiento en el barrio. Sobre todo si vives en Ciudadela, en Barrio Venecia, Nuestra Señora de Belén, Nueva Alcalá o Juan de Austria... Vamos, vivas en la zona en que vivas en Alcalá, donde es más difícil encontrar aparcamiento que una mesa en la calle Mayor para tomar una cerveza un sábado por la noche.

Con este panorama, y aunque el Gobierno de izquierdas se vanaglorie de gestión, no estamos para presumir. La falta de proyecto y de ambición del actual Ejecutivo, que en las últimas semanas ha 'sembrado' toda la ciudad de rotondas y de obras electoralistas, ha hecho que poco a poco los alcalaínos hayan ido perdiendo ese orgullo de ser de Alcalá, de alardear de Alcalá, de sacar pecho por una ciudad que vio nacer a Cervantes, que transformó Cisneros y que en el Siglo de Oro brilló con luz propia. Con la declaración de Alcalá como Ciudad Patrimonio de la Humanidad en 1998, volvimos a ocupar el foco histórico que nos correspondía. Este hito, conseguido con el respaldo ciudadano, provocó que los complutenses se unieran en torno a un objetivo común, el alma de su pasado alumbró un presente y proyectó un futuro ilusionante. Es esa ilusión de convertirnos en una ciudad diferente la que tenemos que volver a recuperar. Y para ello, además de que luzca nuestro Centro Histórico, tenemos que hacer que también brillen nuestros barrios y nuestras calles, que el alcalaíno, viva donde viva, se muestre feliz de vivir en su municipio.

Por eso, y siempre desde la cercanía, intentaremos recuperar ese orgullo. Haremos de Alcalá una ciudad más limpia y accesible para todos, cercana a la Universidad y sus estudiantes. También a su río, al que hemos dado la espalda. Promoveremos 5.000 plazas de aparcamiento en distintos barrios, reforzaremos la seguridad con la policía de proximidad, y potenciaremos las becas de comedor y desayuno, así como los planes formativos orientados para la nueva realidad laboral para los 6.000 desempleados mayores de 45 años que tiene Alcalá.

Es esto lo que se vota este domingo 26 de mayo. En las elecciones municipales no se presentan ni Pedro Sánchez, ni Pablo Casado, ni Albert Rivera, ni Pablo Iglesias, ni Santiago Abascal. Mientras otros proponen proyectos faraónicos sin plazos ni presupuestos, y otros un programa plagado de vaguedades y generalidades, nosotros planteamos propuestas concretas a las necesidades reales de los alcalaínos. Cuantificables y medibles. Somos la única alternativa a un gobierno de izquierda gris. Mientras buscamos dar color a Alcalá de Henares la próxima legislatura, siga visitando la ciudad porque brilla con luz propia. Se enamorará.