Tras tres años de dilaciones, y tres semanas de intenso trabajo, esta semana España presenta en Nueva York su plan de acción para el Desarrollo Sostenible, en el marco del foro político de alto nivel de Naciones Unidas para el seguimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, una serie de metas mundiales que la Comunidad Internacional se ha comprometido a lograr antes del año 2030.

Los objetivos se aprobaron en 2015, y en los dos primeros años, prácticamente nadie en el gobierno se hizo cargo de acompañar el impulso de las administraciones locales y autonómicas, de empresas y organizaciones de la sociedad civil, en pos de una verdadera agenda de desarrollo sostenible. Hoy esa situación ha cambiado y España no sólo cuenta con una Alta Comisionada de la Agenda 2030 en Moncloa, sino con una batería de políticas que pueden suponer un cambio sustantivo: en breve tendremos una ley de Cambio Climático —urgente tras el crecimiento de las emisiones en los últimos años— y en el propio plan de acción, España se compromete a tener una estrategia de desarrollo sostenible a largo plazo aprobada en 2020.

Son buenas noticias: España es la reserva natural de Europa, y tiene unas condiciones excepcionales para el despliegue de las energías renovables, factores ambos que deberían convertirnos en una potencia de la sostenibilidad y la innovación. No es tarea exclusiva del gobierno: la reciente cumbre de Innovación Tecnológica y Economía Circular, organizada por la Advanced Leadership Foundation, congregó a cientos de líderes sociales y empresariales en torno a esos objetivos. Aprovechemos este momento: hoy todos los actores relevantes están alineados. No habrá economía viable sin sostenibilidad.