Los partidos independentistas han ganado las elecciones por mayoría absoluta, como sucedió en los comicios de 2015. La independencia de Cataluña seguirá siendo su principal punto en el programa de gobierno, igual que hace dos años. Y los partidos constitucionalistas han vuelto a imponerse en votos, pero no en escaños. También igual que hace dos años.

Pero no todo es como en 2015. Tras las anteriores elecciones, el Gobierno de Puigdemont emprendió la búsqueda de la independencia por la vía de la unilateralidad. Aseguraron que ese camino acababa en la ansiada independencia, pero no ha sido así. Todos –tanto los independentistas como los que no lo son– hemos constatado que ese camino se troncaba con la ley. Puigdemont, Junqueras y las CUP chocaron con el muro del artículo 155 de la Constitución y con los tribunales.

Ahora, pueden elegir repetir todo el proceso unilateral, pero entonces ya conocen el resultado. La Constitución sigue siendo la misma, y desde luego no cambiará bajo presión de una secesión unilateral.

Está claro que el próximo gobierno catalán no va a renunciar a la independencia, pero van a tener que cambiar sus modos si pretenden conseguirla. Si quieren algo más que tensión y conflictos, deben probar la vía del diálogo, que ya ensayó Ibarretxe en el País Vasco. Si no lo hacen, en dos años igual volvemos al punto de partida.