Dice aquel viejo refrán que "a perro flaco todo son pulgas". Si no que se lo digan a Pedro Sánchez, que comenzó su andadura como presidente del Gobierno con una mayoría débil en el Congreso, 84 de 350 diputados, y cuando apenas ha pasado un mes desde la moción de censura contra Rajoy la situación se le ha complicado. Cuando aún no nos habíamos repuesto del susto de la fallida elección del presidente de RTVE por un presunto error en la votación de dos diputados en el Congreso, nos despertamos de un fin de semana en el que el PP y el PDeCat han elegido a los peores candidatos para las tesis del gobierno y los mejores para propiciar un adelanto electoral.

Nadie dijo que esto fuera fácil, porque aunque el PP se hubiera decantado por Soraya Sáenz de Santamaría y el PDeCat por Marta Pascal, la cosa no hubiera sido miel sobre hojuelas. Sin embargo, el hecho de que Pablo Casado ya haya avanzado que el PP no va a apoyar el techo de gasto previsto por el Gobierno, teniendo en cuenta que tiene poder de veto en el Senado, y el PDeCat haya anunciado un endurecimiento de su posición frente el Ejecutivo, pone en evidencia lo complicada que está la legislatura.

Llegados a este punto, es fácil extraer cuatro conclusiones: una, que el PSOE no va a ceder ante el independentismo y que, pese a la política de gestos, no va renunciar a la Constitución; dos, que la sombra del adelanto electoral es alargada; tres, que el PNV está cruzando los dedos para que no sea tan alargada esta sombra, teniendo en cuenta el poder que le han dado en el Congreso sus cinco diputados; y, cuatro, que como decía Maquiavelo: "vale más hacer y arrepentirse, que no hacer y arrepentirse". Si no que se lo digan también a Pedro Sánchez.