El teletrabajo es una herramienta que ha pasado a tener un papel protagonista en el ámbito de los recursos humanos en los últimos años. Los profesionales lo mencionan como uno de los aspectos más valorados para elegir una empresa en la que trabajar, según el Informe Randstad Employer Brand 2018.

Por su parte, las empresas, conscientes de su valor, lo están incorporando como una herramienta más a la hora de atraer y fidelizar al talento, pero parece que todavía no tanto como a los trabajadores les gustaría.

Según los datos de Randstad Workmonitor, al 68,6% de los trabajadores españoles les gustaría teletrabajar, pero su empresa no se lo permite. Un deseo que contrasta con la «metodología tradicional» que mantiene el 70% de las empresas españolas, a pesar de que el 58% de los empleados consideran que su puesto dispone de todo lo necesario para poder trabajar.

Lo cierto es que no podemos dejar de contemplar el teletrabajo ocasional como una opción beneficiosa para todas las partes. Para el profesional, porque le permite ser más eficiente a la hora de llevar a cabo su actividad y producir ahorros en tiempos improductivos (desplazamientos, ineficiencias en el lugar de trabajo e incluso reuniones más cortas). Y también por parte de la empresa, ya que la satisfacción de sus empleados redunda en mejores ratios de eficacia, lo que mejora los resultados de su negocio.

Esta situación debería comenzar a cambiar en los próximos años, adaptándose a la tendencia de gran parte de los países de nuestro entorno, cuyas empresas fomentan las medidas de teletrabajo y flexibilidad llegando a máximos. No solo porque, como hemos visto, es una práctica que aumenta la producción y es provechosa tanto para empleados como para las compañías, sino porque, en un entorno donde el talento es cada vez más escaso y demandante, se va a convertir en un factor diferencial para tener al mejor talento.