Si hiciésemos una encuesta entre los progresistas para saber qué piensan acerca de por qué no ha sido posible una alternativa de izquierdas al gobierno del PP, cuya gestión y cuya actitud ante sus casos de corrupción han contestado tanto, encontraríamos sobre todo reproches. Y expresiones duras.

Algunos también aventurarían análisis (aunque solo sea porque llevan oyendo/leyendo análisis día a día, casi hora a hora, durante meses, en todos los medios), pero esos análisis versarían seguramente sobre lo interno de los partidos y, en particular, sobre lo que pasa, ha pasado y pasará en el futuro en el PSOE. Porque de esto es de lo que se ha hablado básicamente en estos meses.

Me temo que muy pocas de las personas a las que se preguntara atribuirían las dificultades para formar gobierno a la distancia entre las políticas de unos y otros, al poco entendimiento alcanzado cuando los partidos se pusieron a discutir sobre cosas concretas.

Es más, dudarían si verdaderamente lo hicieron.

Hagan ustedes la prueba. Pregunten a sus amigos, o pregúntense a ustedes mismos cuáles son los acuerdos y las diferencias sobre qué política exterior y de defensa debe mantener nuestro país, qué posición tener sobre la intervención en Siria, o sobre la forma de combatir al terrorismo yihadista; o sobre qué debemos y podemos hacer realistamente para que el sistema de pensiones sea sostenible y no nos encontremos dentro de unos años sin fondos para pagar a las personas que se jubilen su pensión; o sobre cómo tiene que ser una política de seguridad en una sociedad democrática, que tiene que hacer cumplir la ley y respetar y proteger los derechos de todos; o sobre qué mecanismos debemos poner en marcha para dificultar las prácticas corruptas y/o clientelistas en la Administración y para cortar con la financiación irregular de los partidos; o sobre cómo debemos actuar para evitar que la emisión de gases contaminantes a la atmósfera comprometa nuestra salud y el futuro del planeta dando alternativas a industrias en las que trabajan muchas personas; o sobre qué bases hay que hacer una reforma de la educación que no esté sometida a vaivenes políticos, que mejore la competencia del sistema y preserve la equidad; o qué se debería hacer para que la agresividad, la violencia o el acoso dejen de ser comportamientos habituales entre jóvenes y adultos; o acerca de en qué no acertamos y qué medidas nuevas podemos adoptar para combatir el machismo tan presente aun en nuestra sociedad y que produce tanto dolor a tantas mujeres; o cómo hacer sostenible el mantenimiento de la excelencia en los tratamientos punteros en sanidad con la atención pública pronta, digna y adecuada a todos quienes tienen problemas de salud; o sobre cómo conseguir una fiscalidad común en España, que armonice las cargas impositivas que tienen unas y otras comunidades autónomas; o sobre cómo mantener la unidad de España cuando hay decisiones de ruptura aparentemente irreversibles.

Todas ellas –y mil más– cuestiones pendientes, mal gestionadas estos 4 años de gobierno del PP.

Millones de palabras, de tuits para calificar o descalificar a unos y otros… Muy pocas sobre las propuestas que se comparten o en las que se discrepa.

La izquierda hoy es plural. Si no confluyen sus propuestas, no habrá camino posible. Y hoy están bastante lejos. A la izquierda le falta un gran recorrido de debate y de aproximación sobre cosas reales, concretas. Cuanto más tarde en iniciarlo, cuantas más palabras vacías se crucen, más lejos estará de ser una alternativa de verdad a los gobiernos de la derecha.