• Rafael Santandreu es psicólogo y autor del libro 'Nada es tan terrible: La filosofía de los más fuertes y felices' (Grijalbo).

Un informático te dirá que vivimos en "la era de la información", pero yo, como psicólogo, defenderé que vivimos en «la era del estrés». ¡Eso sí que nos define como civilización! ¡O incivilización!

En primer lugar, porque un aplastante 80% de los españoles afirma sufrir mucho estrés en su vida (y subiendo). Como sociedad, hemos inventado una cosa tan fea como es el trastorno de ataques de ansiedad: el culmen del estrés. Casi un 10% de los españoles padecen este problema (y subiendo). Nunca antes se dieron estas locas cifras: el 80% de la gente está nerviosa; y un 10%, directamente en pánico. Vamos a ver qué es el trastorno de pánico, en qué consiste y cómo solucionarlo por si un día llama a nuestra puerta.

Estás en un concierto y, en medio del asunto, alguien grita: "¡Fuego!". Todo el mundo corre a la salida y se produce una avalancha. Tienes un traspiés y terminas en el suelo. En seguida, otros caen encima. Medio asfixiado y temiendo por tu vida, te entran muchos nervios: el corazón late desbocado, te mareas, la cabeza va a mil intentando encontrar una vía de escape para salvar la vida.

Muy inexactamente, eso es un ataque de ansiedad o pánico, pero con la particularidad de que todo eso puede arreciar en cualquier momento: leyendo un libro, en una reunión de trabajo, en un viaje en tren…

En el trastorno de ataques de pánico se experimentan nervios extremos por la cara: ¡sin amenaza alguna! Hasta el extremo de temer por la propia vida ("me va a dar un ataque al corazón") o la salud mental ("me voy a volver loco"). Estoy seguro de que muchos de los que están leyendo este artículo conocen este fenómeno porque lo han sentido en su piel. Es una especie de descomposición del sistema nervioso, un descontrol de los sistemas cerebrales que nos lleva al pánico.

Un engendro muy invalidante. Muchas de las personas aquejadas de ataques de ansiedad dejan de trabajar y se aíslan en casa. Necesitan saber que les pueden rescatar: llevarlos a un hospital o simplemente, no dejarlos solos. A medio plazo, su vida se vuelve gris o en los peores casos, negra. Una vez vi a un paciente que llevaba 20 años recluido en su casa a causa del pánico. Vivía en la penumbra: mi siquiera podía ver la tele porque cualquier escena estresante podía desencadenarle otro ataque.

Hasta aquí lo feo. La buena noticia viene ahora: este trastorno es enteramente psicológico y se puede curar al 100%. Requerirá esfuerzo y seguir unas pautas muy firmes: ¡pero se puede! Lo primero es dejar de tomar tranquilizantes que, en este caso, se convierten en el combustible del incendio. Porque la curación pasa por "perderle el miedo al miedo". Y, claro, tomar tranquilizantes impide ese proceso psicológico.

El siguiente paso consiste en enfrentar el temor con los ojos abiertos: darse cuenta de que esos nervios, por agudos que sean, no tienen trascendencia. Es esencial que la persona haga vida normal, que se arme de valor y se exponga.

Es absolutamente esencial que pasemos por varios de esos horribles ataques sin protegernos hasta que el cerebro capte que, en realidad, no hay nada que temer. El cerebro es un individuo escéptico: necesita evidencias y se las vamos a dar.

Cientos de miles de personas en todo el mundo (quizás millones) han superado completamente este problema con el método que acabo de describir: la terapia conductual. El ataque de pánico (el miedo al miedo) es un fenómeno especial de la mente humana que sigue sus propias reglas. Y, por suerte, conocemos esa reglas y cómo manejarlas. ¡Que nadie dude de que se puede vencer: sin medicación ni secuelas!

Pero el estrés de la vida cotidiana, amigos míos, ya es otra cosa. Para vencer a ese otro fantasma, habrá que cambiar de mentalidad, de filosofía vital. Algo, paradójicamente, mucho más difícil: es una tarea a contracorriente de educación personal.