Tula, Troya, Maya, traigo buenas noticias. Pronto dejaréis de ser cosas. Ya sé que no os preocupa lo más mínimo lo que os estoy contando, pero tal vez debería, porque a día de hoy, si algún ladrón os llevase, sería como si hubiera robado mi bicicleta o mi móvil, aunque para mí sería un secuestro y se me partiría el corazón. Una bicicleta o un móvil son reemplazables, pero vosotras sois seres únicos, capaces de experimentar alegría y tristeza. Exactamente igual que yo.  

Parece que esa verdad incuestionable, vuestra condición superior a los objetos, va calando y los animales de compañía pronto dejaréis de ser cosas en las leyes. Pero no del todo. Tampoco creáis que os van a dar la misma protección que a los seres humanos. De hecho tampoco está claro hasta qué punto dejaréis de ser cosas, porque al texto que se aprobó este martes en el Congreso se le van a plantear enmiendas y tampoco sabemos cómo modificarán exactamente el Código Civil, la Ley Hipotecaria y la Ley de Enjuiciamiento Civil. Sois algo muy complicado de legislar, un quebradero de cabeza creciente para políticos y juristas. Sois seres sintientes, con derechos, pero se os puede comprar y vender y quieren que siga siendo así.  Además, preocupa a muchos que perros y gatos seáis los embajadores de otros animales igualmente únicos, que también sienten, pero que nos pillan lejos, en macrogranjas y dehesas por ejemplo.

Sé que es difícil, pero no solo merecéis más protección, la necesitáis con urgencia. Vosotras sois tres buenos ejemplos de la realidad de cientos de miles de animales de compañía en este país.  

Preocupa que muchos perros y gatos seáis los embajadores de otros animales en macrogranjas y dehesas

Troya, tú apareciste abandonada por el norte de Madrid, enferma, en los huesos, con decenas de perdigones bajo la piel, descartada por un mal amo cazador que te inculcó un miedo que hace ya muchos años lograste superar.

Tula, a ti te rescataron de una perrera andaluza, un lugar en el que es rara la esperanza. Habías tenido cachorros, también estabas enferma.

Maya, a ti te metieron en una bolsa de basura y te lanzaron a un contenedor. Tus maullidos y la suerte de que alguien bueno pasara por allí te salvaron de la muerte por frío y hambre.

Espero poder daros pronto otra buena noticia, una aún mejor: la de una ley nacional de protección animal de mínimos.

Os quiere, Melisa Tuya