Ando embobado mirando la mierda de las calles. Oye, qué espectáculo. Un rato largo de entretenimiento desde que he cogido el periódico hasta que he terminado de pasear a mi perra por Malasaña, un barrio de Madrid. Toda esa mugre que va acumulándose de manera feliz en los árboles, en las papeleras y en los bordillos se me había hecho invisible hasta hoy.

Qué iluso. Me había acostumbrado a verla y ya era imperceptible. Y diréis, por qué hoy. Pues no sé. Pero hoy se hizo visible, como una epifanía de porquería. De pronto, aquello que me parecía pulcritud, cosmopolitismo y calles de cañas y amigos, ha pasado a ser la realidad. Alguien ha descorrido el telón de Oz y he visto la verdad que me tapaba la fantasía. Todo eso que son rayajos en las paredes, –puertas marcadas con nombres o escaparates estampados de jeroglíficos de rotulador–, y que algunos llaman puerilmente grafitis. Qué ternura.

La ciudad se ha ido llenado de mierda. Qué queréis, ¿que lo diga en plan poético? ¿Que me ponga a buscar metáforas para edulcorar el panorama, el paisaje urbano? Pues no. Ni ganas. Ni una línea voy a gastar en finuras literarias.

Poco a poco hemos ido perdiendo respeto por nuestra casa y la hemos ido cagando hasta verla como está ahora. La ciudad, los bancos donde uno debería sentarse, las persianas de los comercios, los árboles y los portales dan asco. He salido feliz y he vuelto con cara de gif. Un bucle de vergüenza. He ido sumando excrementos de los que 'se olvidan' recogerlos, entornos de contenedor como vertederos grasientos a fuerza de meses, tal vez años, escupitajos, chicles pegados a la baldosa como pistas de yincana, colillas a miles, papeles, restos de hamburguesas, vómitos secos, bolsas de patatas, publicidades, cajetillas arrugadas...

En fin. ¿Cuántos sinónimos de mierda se me pueden ocurrir para llamar la atención en este artículo? Llamadle mugre, porquería, inmundicia, roña, suciedad... Como quiera, lector. Escoja libremente su palabra. Y no ponga excusas. Somos nosotros. Que ya lo decía mi abuela: no es más limpio el que más limpia, sino el que menos ensucia. Lo mismo hay que hacer un Masterchef o un OT de limpieza y presumir de barrio, de jardines y de aceras. Que luego bien que nos gusta salir al extranjero y decir lo monísimos que estaban los parques de las postales.

En el último informe de la OCU, Organización de Consumidores y Usuarios, se dice que Madrid, Alicante, València y Jaén son las ciudades con las calles más sucias de España. Vaya. A lo mejor no habría escrito este artículo de pisar otras aceras. Pero, qué quieren que les diga, me pilla todo. Hago pleno. Lo curioso es que no están más limpias las que más invierten por habitante y año. Lo digo porque ahora algunos dirán lo de los presupuestos y tal. Están más limpias las que más se cuidan, se miman, se quieren. Más claro, agua. Enhorabuena a Bilbao, Oviedo y Gijón. Las más valoradas.