Si te vas, pero sigues de diputado, no te vas. Es irse poquito. Y si lo anuncias como si fueras el redentor, menos. Si te acorrala la corrupción con imputaciones por delitos de fraude y cohecho, tampoco es irse. Es higiene política. Salubridad. Convengamos, pues, que no es para sacar pecho en la despedida. Pero aquí tardamos mucho en hacer limpieza y poco en sacar los santos.