Lleva fama Sergei Bubka de ser el atleta que ha mejorado más veces un récord, hasta en 35 ocasiones superó marca en salto con pértiga. Pero no es noruego, sino ucraniano. Fue Hiroki Ogita, saltador también con garrocha, quien hace dos años dio la vuelta al mundo por derribar el listón con el pene, que ya es pena y falta de compenetración con la vara. Pero no es noruego, sino japonés.

Un diputado catalán hincó la pértiga verbal en la moqueta del Parlament de Cataluña para izarse y descerrajar, a bocajarro y con ingenio, y en referencia al president de la Generalitat: "Usted físicamente se parece mucho más a mí que a un saltador de pértiga noruego. Somos un par de españolazos los dos". Reconozco que, pasado el primer momento de hilaridad, rebusqué sin éxito en mi memoria la imagen de un saltador de pértiga noruego. Y al pronto, recordé a un joven, de padre español y de madre noruega, que bate récords sin pértiga ni listón, por muy listo que sea el infante. Rubén Doblas Gundersen, más conocido como Rubius.

En la Carpetania ibérica, el mundo se clasifica de modo binario. Están los amaianos y los aitananos, las adoradoras de Paul Newmam y las de Robert Redford, los apóstoles de la Iglesia de los ronaldianos y los seguidores del culto messiniano, los fervientes de la monarquía y los hirvientes de la república, y hasta los amantes de las Sonrisas y los entusiastas de las Lágrimas. Que de Sonrisas y lágrimas ya hacía copla Julie Andrews, ahora reencarnada en el talle ingrávido de una navarra, de nombre Verdeliss, aunque pudo llamarse Edelweiss.

Rubius y Verdeliss tienen en común que son youtubers, si bien el primero no ha dado todavía el paso de quedarse embarazado, para jerigonza de sus 30 millones de suscriptores. Y, en la España de modo binario pero todavía de campanario, existen quienes conocen al Rubius y los que no conocen al Rubius. Las dos Españas, la de Crónicas de un pueblo y la del mozalbete chapuzando en la bañera a sus gatos, ante la atenta mirada de 15 millones de personas, al grito de "loca del coño", "arpía" o "puta loca2 para referirse a su gata, sin que ninguna organización al uso haya puesto el grito en el cielo.

Entre esas dos Españas, están los que conocen a Echenique de Podemos, y están los que conocen a Bryce Echenique, el autor de Un mundo para Julius, probablemente la mejor novela peruana de los últimos 100 años. Un mundo para Julius es esencialmente una sátira sobre la hipocresía, bajo la mirada de un niño intuitivo y sagaz, y del amor desclasado en la figura de Vilma, "la linda y la hermosa chola".

Medio siglo después, se busca mundo para Rubius, con una linda chola que ahora se llamará Itgirl o algo similar en la distopía campante. Un mundo atrapado en la inminencia del videojuego y en la emergencia del mensaje. Un mundo de adicciones, ansiedad y vidas online. Del "I can think, so I exist" al "I can tuit, so I exist". Atrapados en la red sin consciencia, sin pensamiento crítico y sin responsabilidad. Hombres y mujeres digitales, que ya no son dueños de sus destinos. Ni de su libertad. Como Rubius.