Estimado embajador y Grande de España, conociendo su turbulento CV, seguro que disfruta usted en la corte trumpiana más que un general con un lanzamisiles nuevo. Seguro que siendo embajador de España en Estados Unidos se lo pasa usted en grande probando los nuevos inventos capaces de destruir el mundo y preservar la paz aumentando la facturación y la prosperidad.

El destino o la vocación le han llevado a usted por los caminos de las armas, que ya son todo lo que existe, pues no hay inteligencia que no sea militar, o que no se utilice primero para fines de defensa. Así que usted va a estar a sus anchas en la corte de Trump, que es el presidente soñado (y tal vez diseñado) por la industria armamentista: su anfitrión diplomático y nuestro jefe supremo (de la OTAN y en general), el presidente de Estados Unidos, no da pie con bola en cuestiones menores, pero en lo referente a las armas lo tiene claro: va a aumentar casi un 10% el presupuesto militar.

El destino o la vocación le han llevado a usted por los caminos de las armas, que ya son todo lo que existe En ese ambientillo de negocios letales, va a estar usted como pez en el agua (o como bomba en su espoleta). Es verdad que su CV tiene algunos puntos flojos: en un sector tan avanzado, haber sido consejero de una fábrica de algo tan rudimentario como bombas de racimo debe de ser algo vergonzante. Es como vender espadas o hachas de sílex. Pero, bueno, nadie es perfecto y, tal como está todo, a veces uno tiene que agarrarse al primer empleo que le cae.

Aparte de saber inglés, de su abolengo y de su experiencia en el sector favorito de Trump, amén de la humildad de renunciar al 'de', usted disfruta de otra ventaja ideal para el cargo: es un lince en el arte de las puertas giratorias. En España, como estamos llenos de complejos, nos pensamos que esto de las puertas giratorias es cosa nuestra, una lacra autóctona debida a los vicios de la Reconquista y prolongada por el caciquismo hereditario hasta desembocar en lo que los nuevos tratadistas de la Complutense catalogan como "casta y trama". Pero es una práctica universal y, además, muy bien valorada en la corte trumpera, donde ya nadie distingue a un yerno de un consejero, y donde los intereses estratégicos de las empresas familiares son indistinguibles del bien de la patria. Así que va a estar usted en la gloria.

Le deseo muchos éxitos por el bien de todos y que nunca tenga que probar personalmente los artefactos que vengan de ese aumento del 10%.

Atentamente

Mariano Gistaín