Tuve la inmensa suerte de coincidir con Paloma Tortajada en Cope Zaragoza durante unos cuantos años, cuando ella, muy joven y hambrienta de conocer los entresijos de nuestro oficio, llegó a la redacción de la emisora sabiendo que ese era el lugar donde quería quedarse. Y se quedó.

Aquí, en su querida Zaragoza, comenzó Paloma una carrera que la llevaría a ocupar puestos de gran responsabilidad en las dos grandes cadenas de radio de nuestro país, en la SER primero y en Cope después. Pero, para quienes no conozcan el mecanismo con que se da forma a un gran programa de radio, es bueno recordar que Paloma Tortajada no solo fue la voz de las mañanas en ese medio de comunicación. Fue mucho más.

Fue la periodista que, de doce de la noche a nueve de la mañana, preparaba textos y escribía editoriales, concertaba la entrevista más complicada y elegía los temas a tratar junto al director del programa, a la vez que contaba las noticias del día con una voz que la enfermedad empañó para siempre.

Por eso, la radio se queda huérfana con su marcha. A quienes, en COPE Zaragoza, compartimos con ella trabajo y vida nos quedará siempre el recuerdo de su integridad profesional y de su pasión por la radio. Se ha ido demasiado pronto. Ya la echamos en falta.

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